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viernes, 16 de septiembre de 2011
lunes, 25 de enero de 2010
Hoy, en Viña del Mar: lanzamiento del libro "Dos Alejandros y un gato".

VIÑA DEL MAR. Esta tarde será lanzado en Viña del Mar el segundo volumen de la colección de cuentos infantiles "Dos Alejandros y un Gato", escrita por Lorena Ruiz. El lanzamiento tendrá lugar en la Feria del Libro de Viña del Mar. Uno de los presentadores será el socio director de Midia, Gilberto Villarroel.
El libro fue publicado con aportes del Fondo Nacional de Fomento del Libro y la Lectura.
El libro fue publicado con aportes del Fondo Nacional de Fomento del Libro y la Lectura.
FOTOGRAFÍA: Gilberto Villarroel, Lorena Ruiz, autora del libro, y Enrique Moro, de la Sociedad de Escritores de Chile, durante la presentación del libro.
miércoles, 15 de julio de 2009
Hasta el 15 de agosto se amplió el plazo para postular al proyecto Chile Verde.

SANTIAGO. Hasta el 15 de agosto se amplió el plazo de postulación de casos al proyecto Chile Verde, impulsado por Midia, la Universidad del Pacífico y el Foro de Innovación.
¿Es realmente Chile un país “verde”? ¿Qué iniciativas medio ambientales se están desarrollando? ¿Cuáles son los sectores más comprometidos con el cuidado y la preservación del ecosistema? ¿Qué proyectos contribuyen a la eficiencia energética y de qué forma impactan en nuestra sociedad? Muchas de estas interrogantes pretenden ser respondidas en un proyecto organizado por la Universidad del Pacífico, el Foro de Innovación y Midia, que busca identificar y exponer el Chile sustentable que responsablemente debemos ser.
“Chile Verde: Medio Ambiente y Energía, la suma que multiplica”, es el nombre de un proyecto multimedia, inédito y de largo plazo que espera identificar el compromiso nacional por lo verde y recopilar las mejores prácticas ambientales impulsadas por el gobierno, empresas privadas, organizaciones sociales e instituciones educacionales, entre otros.
El proyecto, que contempla la realización de un libro, exposición fotográfica y sitio web, se encuentra en su fase inicial, con un levantamiento de casos –que estén en plena ejecución o en alguna etapa de la puesta en marcha-, para posteriormente ser evaluados de acuerdo a rigurosos criterios de selección, a fin de escoger las mejores iniciativas que estarán contenidas en el libro. Por tanto, “Chile Verde”, busca promover, destacar y difundir casos que contribuyan al cuidado y preservación del medio ambiente, así como al desarrollo e implementación de energías eficientes - no contaminantes.
Lo más trascendente del proyecto es llevar la discusión a todos los sectores de modo que todas las generaciones logren comprender la relevancia de las buenas prácticas ambientales. “El desafío es pasar de tocar un tema sensible y difícil a poder hablar y trabajar alineados por un futuro mejor donde el ciudadano medio entienda y opine con conocimiento de causa”, añadió Teresa Vial, directora de MIDIA, a cargo de la edición del proyecto. A la vez destaca la colaboración de Mineduc y DIBAM en la producción y difusión de sus contenidos.
Según el decano de la Facultad de Diseño de U. del Pacífico, Santiago Aránguiz, la apuesta es a que este equipo logre con objetividad sentar las bases de una nueva perspectiva y valoración de cómo hacer las cosas. “Chile Verde está concebido para ser evaluado y otorgarle continuidad en el tiempo, medir los avances y compromisos adquiridos por todos los sectores y disciplinas involucradas y proyectar metas”, dice el académico, por lo que los casos que no entren en esta primera edición, tendrán la posibilidad de ingresar en la siguiente.
“El aporte y valor de Chile Verde es hacer la ecuación de agrupar distintas iniciativas, equilibradas temáticamente (conservación, eficiencia energética, energías renovables y no contaminantes, otros), en pro de la difusión y promoción de prácticas ambientales amigables”, dice Pablo Vidal experto miembro del comité.
En conocimiento del rol educacional, fundamental a la hora de crear conciencia de nuestras necesidades y cuidados al medio ambiente, es que este proyecto de extensión universitaria cuenta con el apoyo de la Ley de Donaciones Universitarias. “La ley nos permite que la propuesta tenga continuidad y otorga a los donantes un certificado de rebaja tributaria del 50% de su aporte” recalca Raúl Rivera, Presidente Foro Innovación.
Chile Verde será el puntapié inicial para comenzar a visualizar un Chile que debe ir superándose e ir creciendo en compromiso y desarrollo en el ámbito ambiental. Se estima que el lanzamiento del libro será entre finales de este año y comienzos del próximo, luego de una exhaustiva investigación, y será complementado el 4 de junio de 2010, para celebrar el Día Mundial del Medio Ambiente, con una exposición para todo espectador que comenzará en Santiago y que, dependiendo de los apoyos, podría volverse itinerante.
Más detalles en : http://www.porunchileverde.cl/
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Audiovisual y Gestión de Arte.,
Editorial
jueves, 4 de junio de 2009
Lanzan proyecto multimedia "Chile Verde": Libro, exposición fotográfica y website.
-Investigación y selección a cargo de expertos destacará las mejores prácticas ambientales y de eficiencia energética impulsadas por el gobierno, empresas privadas, organizaciones sociales e instituciones educacionales, entre otras.
-El resultado será un libro, una exposición fotográfica y un sitio web, que serán realizados mediante un esfuerzo conjunto entre la Universidad del Pacífico, el Foro de Innovación y Midia.
SANTIAGO. ¿Es realmente Chile un país “verde”? ¿Qué iniciativas medio ambientales se están desarrollando? ¿Cuáles son los sectores más comprometidos con el cuidado y la preservación del ecosistema? ¿Qué proyectos contribuyen a la eficiencia energética y de qué forma impactan en nuestra sociedad? Muchas de estas interrogantes pretenden ser respondidas en un proyecto organizado por la Universidad del Pacífico, el Foro de Innovación y Midia, que busca identificar y exponer el Chile sustentable que responsablemente debemos ser.
“Chile Verde: Medio Ambiente y Energía, la suma que multiplica”, es el nombre de un proyecto multimedia, inédito y de largo plazo que espera identificar el compromiso nacional por lo verde y recopilar las mejores prácticas ambientales impulsadas por el gobierno, empresas privadas, organizaciones sociales e instituciones educacionales, entre otros.
El proyecto, que contempla la realización de un libro, exposición fltográfica y web, se encuentra en su fase inicial, con un levantamiento de casos –que estén ya en plena ejecución o en alguna etapa de la puesta en marcha-, para posteriormente ser evaluados de acuerdo a rigurosos criterios de selección, a fin de escoger las mejores iniciativas que estarán contenidas en el libro. Por tanto, “Chile Verde” busca promover, destacar y difundir casos que contribuyan al cuidado y preservación del medio ambiente, así como al desarrollo e implementación de energías eficientes, no contaminantes.
El Comité de Expertos, destacado grupo de especialistas en materia medio ambiental que evaluarán los proyectos e iniciativas de norte a sur, se constituyó en la Sala de la Presidencia de la Universidad del Pacífico. El equipo, al igual que el proyecto, es transversal y representativo de diferentes sectores sociales, disciplinas y actividades productivas del país, incluyendo al Estado, empresas, ONGs, Universidades y Fundaciones, de modo de crear sintonía entre todos los involucrados.
Entre los expertos destacan connotados profesionales como Ximena Abogabir, de Casa de la Paz; Bernardo Reyes, de Ética en los Bosques; Ricardo Bosshard de WWF Bronwen Golder, de WWF; Pablo Vidal, de Acción RSE; Denise Montt, de Remade Chile; Javier del Río, arquitecto, académico y experto en Bioclimática; Maryann Ramírez, de Innova CORFO, Nicola Borregaard CAMCHAL (Cámara Chilena-Alemana de Comercio e Industria); Félix Maldonado, Fundador a la Red Latinoamericana de Ecodiseño; Guillermo Scallan, Fundación Avina; Álvaro Verdejo, Asesor Ambiental ASIVA (Asociación de Empresas de la V Región); Josefina Heiremans, Directora de comunicaciones Remade Chile; Marcos Kulka Gerente General / CEO Fundación Chile; Claudio Gómez, Director Museo Nacional de Historia Natural y el periodista especializado en ciencia y tecnología Nicolás Luco.
En esta primera reunión los expertos discutieron y definieron en conjunto las bases de selección y los criterios de evaluación con los que serán analizados los casos.
Lo más trascendente del proyecto es llevar la discusión a todos los sectores de modo que todas las generaciones logren comprender la relevancia de las buenas prácticas ambientales. “El desafío es pasar de tocar un tema sensible y difícil a poder hablar y trabajar alineados por un futuro mejor donde el ciudadano medio entienda y opine con conocimiento de causa”, añadió Teresa Vial, directora de MIDIA, empresa a cargo de la edición del proyecto.
Según el decano de la Facultad de Diseño de U. del Pacífico, Santiago Aránguiz, la apuesta es a que este equipo logre con objetividad sentar las bases de una nueva perspectiva y valoración de cómo hacer las cosas. “Chile Verde está concebido para ser evaluado y otorgarle continuidad en el tiempo, medir los avances y compromisos adquiridos por todos los sectores y disciplinas involucradas y proyectar metas”, dice el académico, por lo que los casos que no entren en esta primera edición, tendrán la posibilidad de ingresar en la siguiente.
“El aporte y valor de Chile Verde es hacer la ecuación de agrupar distintas iniciativas, equilibradas temáticamente (conservación, eficiencia energética, energías renovables y no contaminantes, otros), en pro de la difusión y promoción de prácticas ambientales amigables”, dice el experto Pablo Vidal, miembro del comité.
En conocimiento del rol educacional, fundamental a la hora de crear conciencia de nuestras necesidades y cuidados al medio ambiente, es que este proyecto de extensión universitaria cuenta con el apoyo de la Ley de Donaciones Universitarias. “La ley nos permite que la propuesta tenga continuidad y otorga a los donantes un certificado de rebaja tributaria del 50% de su aporte” recalca Raúl Rivera, Presidente Foro Innovación.
Chile Verde será el puntapié inicial para comenzar a visualizar un Chile que debe ir superándose e ir creciendo en compromiso y desarrollo en el ámbito ambiental. Se estima que el lanzamiento del libro será entre finales de este año y comienzos del próximo, luego de una exhaustiva investigación, y será complementado el 4 de junio de 2010, para celebrar el Día Mundial del Medio Ambiente, con una exposición fotográfica para todo espectador que comenzará en Santiago y que, dependiendo de los apoyos, podría volverse itinerante.
FOTO: Nicole Baltra. LECTURA DE FOTO:
Abajo, de izquierda a derecha: Daniela Badilla, periodista Midia; Teresa Vial, Directora Midia; Carolina Montt, Directora Escuela de Diseño, Universidad del Pacífico; Félix Maldonado, Fundador a la Red Latinoamericana de Ecodiseño; Mónica Gazmuri, Marketing Midia; Josefina Heiremans, Remade Chile; Santiago Aranguiz, Decano Facultad de Diseño, Universidad del Pacífico. Fila de arriba: Cecilia Fontaine, Comunicación Foro Innovación; Álvaro Verdejo, Asesor ASIVA; Maryann Martínez, Innova CORFO; Ximena Abogabir, Casa de la Paz; Claudio Gómez, director MNHN; Denise Montt, Remade Chile; Ricardo Bosshard, WWF; Pablo Vidal, Acción RSE.
CONTACTO:
Midia, Creadores de Contenidos. Mónica Gazmuri, fono 56-2-9525454, mgazmuri@midia.cl
Foro Innovación. Cecilia Fontaine fono: 56-2-4300772 anexo 105, cecilia@foroinnovacion.cl
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viernes, 15 de mayo de 2009
Qué Pasa recomienda el libro "Parques de Santiago" a los candidatos presidenciales.
SANTIAGO. En su columna de hoy, publicada en revista Qué Pasa, el urbanista Iván Poduje recomienda a los candidatos presidenciales la lectura de "Parques de Santiago", de Miguel Laborde, editado por Midia.
“Parques de Santiago. Historia y Patrimonio Urbano” viene en una edición de tapa dura de 16 x 16 cms, con un total 301 páginas, con fotografias en colores de destacados fotógrafos chilenos : Jorge Brantmayer, Jorge Prat y Sergio Pérez. Cada uno de ellos abordó un tema en particular: grandes parques, parques comunales y parques vecinales.
Cada crónica de Miguel Laborde dedicada a la historia, las características y el patrimonio arquitectónico y arbóreo de cada parque incluye datos como la dirección y comuna, por lo que, gracias a esta información y al tamaño portátil del libro, el texto se convierte en un guía apropiada para turistas chilenos y extranjeros que quieran salir a disfrutar el lado verde de la ciudad. Se incluye un anexo dedicado a grandes proyectos. La traducción de los textos al inglés fue realizada por Jaime Bunster.Miguel Laborde escribe en el libro que, “más allá de su uso ciudadano, los árboles retienen hasta el 85 por ciento del polvo contenido en el aire que los atraviesa, actuando así en la disminución del esmog. Además, en pleno verano, su generación de humedad proporciona un ambiente de hasta 10 grados menos que en áreas de pavimentos. A su vez, esa humedad facilita la creación de brisas y movimientos de aire que ventilan la ciudad y neutralizan el ozono perjudicial que, nuevamente, se concentra en las calles pavimentadas”.
A propósito de este libro, Jorge Edwards escribió en el diario “La Segunda” : “Don Benjamín (Vicuña Mackenna), nuestro precursor, soñaba con una democracia de los parques, con una ciudad de ciudadanos, con salir de normas inquisitoriales, de un racionalismo estrecho, y encontrarse con un aire fresco, una historia, una naturaleza”.
La segunda edición de "Parques de Santiago" es bilingüe (inglés-español) y se encuentra a la venta en las principales librerías del país.
A continuación del texto de la columna publicada por Qué Pasa:
Biblioteca QP
PARQUES URBANOS: La tarea pendiente
En este libro, Miguel Laborde repasa el origen de los parques más importantes de Santiago -incluidos el Forestal, Santa Lucía y San Cristóbal- y revela todos los obstáculos que tuvieron que salvar para lograr su materialización. Su lectura obliga a preguntarse por qué siguen inconclusos proyectos como el parque André Jarlan.
Por Iván Poduje, Urbanista UC.
A fines del año pasado, el Ministerio de la Vivienda y Urbanismo publicó la primera encuesta de percepción de la calidad de vida en las ciudades chilenas, realizada a 6.200 habitantes de Santiago y regiones. Los resultados sorprendieron: el 76% de los encuestados estaba satisfecho con la calidad de sus barrios y el 58% pensaba que en los próximos años su estándar mejoraría. Como contrapartida, la encuesta mostró que el principal problema de nuestras ciudades es la carencia de áreas verdes, confirmando la relevancia que debiera tener este tema en el diseño de futuras políticas públicas urbanas y ambientales.El libro "Parques de Santiago" de Miguel Laborde aporta antecedentes valiosos para apoyar esta discusión. Sus 199 páginas registran con lujo de detalle los 31 parques más importantes de la capital, describiendo sus especies y recorridos peatonales, con fotos que ilustran rincones notables y probablemente desconocidos para la mayoría de los santiaguinos. Por otro lado, su autor repasa el origen de cada iniciativa, y nos presenta a los personajes e instituciones que fueron claves en su diseño y materialización, revelando los obstáculos que tuvieron que salvar para llevar a cabo proyectos que hoy en día parecen verdaderas utopías.
En este libro, Miguel Laborde repasa el origen de los parques más importantes de Santiago -incluidos el Forestal, Santa Lucía y San Cristóbal- y revela todos los obstáculos que tuvieron que salvar para lograr su materialización. Su lectura obliga a preguntarse por qué siguen inconclusos proyectos como el parque André Jarlan.
Por Iván Poduje, Urbanista UC.
A fines del año pasado, el Ministerio de la Vivienda y Urbanismo publicó la primera encuesta de percepción de la calidad de vida en las ciudades chilenas, realizada a 6.200 habitantes de Santiago y regiones. Los resultados sorprendieron: el 76% de los encuestados estaba satisfecho con la calidad de sus barrios y el 58% pensaba que en los próximos años su estándar mejoraría. Como contrapartida, la encuesta mostró que el principal problema de nuestras ciudades es la carencia de áreas verdes, confirmando la relevancia que debiera tener este tema en el diseño de futuras políticas públicas urbanas y ambientales.El libro "Parques de Santiago" de Miguel Laborde aporta antecedentes valiosos para apoyar esta discusión. Sus 199 páginas registran con lujo de detalle los 31 parques más importantes de la capital, describiendo sus especies y recorridos peatonales, con fotos que ilustran rincones notables y probablemente desconocidos para la mayoría de los santiaguinos. Por otro lado, su autor repasa el origen de cada iniciativa, y nos presenta a los personajes e instituciones que fueron claves en su diseño y materialización, revelando los obstáculos que tuvieron que salvar para llevar a cabo proyectos que hoy en día parecen verdaderas utopías.
Sólo para tener una idea, Laborde nos recuerda que ya en 1930 estaban construidos los grandes parques O' Higgins, Quinta Normal, Santa Lucía, Forestal y San Cristóbal, los cuales cubrían un porcentaje relevante de la superficie de Santiago. Si quisiéramos replicar esta proporción para el Bicentenario, habría que materializar más de 3.700 hectáreas de áreas verdes, lo que equivale a la superficie completa de las comunas de Santiago y Providencia. Es posible que los lectores se sigan sorprendiendo al saber que el parque Bustamante se levantó sobre los antiguos rieles del tren a Pirque, reconvirtiendo 9 hectáreas de patios ferroviarios, o que el parque Almagro se construyó recién en 1983 luego de demoler más de 12 manzanas de viviendas deterioradas de Santiago centro. Qué decir de aquellos parques que se erigieron sobre basurales o sitios abandonados en las riberas del Mapocho, como el Forestal o Los Reyes, y que lograron inducir procesos de renovación urbana que perduran hasta hoy.
Este libro se presenta en cuatro capítulos que agrupan los parques según su tamaño y relevancia metropolitana. Su lectura permite conocer los distintos roles que han cumplido los parques a lo largo de la historia, desde los primeros que buscaban embellecer Santiago, creando una ciudad similar a París, hasta aquellos que pretendían incentivar la actividad deportiva o reactivar zonas deterioradas. En este recorrido, Laborde destaca con razón el rol del Programa de Parques Urbanos creado por el ministro Alberto Etchegaray en 1990, ya que fue el primero que levantó parques en comunas periféricas de bajos ingresos, legando obras notables como La Bandera, Mapocho Poniente o el André Jarlan.
Después de este impulso, los parques dejan de ser una prioridad pública. Por razones que cuesta entender, el Estado elimina el Programa de Parques Urbanos y delega su función en instituciones que carecen de recursos para desarrollar nuevos proyectos y que con dificultad logran administrar los parques existentes. En parte por ello, las iniciativas de estos últimos 10 años se concentran en municipios de altos ingresos, dejando inconclusos el parque André Jarlan, la cuarta etapa del parque de los Reyes y vastas zonas normadas como áreas verdes pero que siguen siendo sitios eriazos. Este sombrío panorama podría cambiar si se concretan las iniciativas descritas en el último capítulo del libro. Particularmente relevantes son los parques Bicentenario (Cerrillos) y los inundables de La Aguada y La Hondonada, ya que reconvierten pasivos urbanos transformándolos en motores de desarrollo e integración social. Las ideas están sobre la mesa y la experiencia descrita por Laborde demuestra que es posible concretarlas y que sus beneficios sociales pueden ser enormes. Por ello sería deseable que este tema estuviera en la agenda de los candidatos presidenciales, que hasta ahora han dicho poco o nada en materia de ciudad.
Parques de Santiago
De Miguel Laborde$ 15.000 en librería Qué Leo
Frase destacada: "Cuando nos acercamos al Bicentenario con una megalópolis de 80.000 hectáreas, es decir una ciudad doce veces mayor que la de 1930, estamos muy lejos todavía de tener la proporción y la calidad de áreas verdes de esos años".
Se lo recomiendo a: los candidatos presidenciales.
Fuente : Revista Qué Pasa.
domingo, 26 de abril de 2009
Misas en Concepción y Santiago por Quintín Oyarzo (1950-2009).



CONCEPCION. El martes 12 de mayo de 2009 se realizó en Concepción una misa en memoria del periodista Quintín Oyarzo, recientemente fallecido. A continuación el texto escrito por uno de sus amigos, el periodista Remijio Chamorro:
Crónica para un periodista y amigo.
Quintín fue despedido en una luminosa mañana del domingo 26 en Santiago, en la Iglesia la Anunciación, Providencia , cerca de la que fue por muchos años su residencia. Y más tarde en el Cementerio Católico de Recoleta, en el cinerario. En ambos recintos se hicieron presente numerosos amigos, relaciones, familiares y gente de prensa escrita, de radio, televisión e instituciones diversas.
Durante la misa el periodista Nelson Escobar Osses entregó un testimonio que dibujó las ricas facetas humanas y las capacidades profesionales de este hombre que también residiera en Punta arenas, Chiloé y Puerto Montt.
En tanto, en una parte central de la liturgia, el sacerdote Manuel Hevia, que antes sirviera en la zona de Concepción y que fuera virtual amigo de Oyarzo, llamó a todos los periodistas presentes para que lo acompañaran en el altar. Allí, invocando la figura de Quintín y el amor cristiano, pidió a todos ellos, se tomaran de las manos y las izaran en señal de hermandad y cercanía con el espíritu del estimado y sabio reportero. Fueron instantes profundamente emotivos, en especial para la gente del periodismo. Asimismo, recordando palabras de Berthold Brecht, el sacerdote dijo que Quintín fue de los imprescindibles.
Más tarde el féretro fue retirado en medio de los aplausos que irrumpieron de entre los asistentes a la parroquia, en signo inequívoco de admiración por este personaje de gran versatilidad, incluido su fuerte rigor por el buen trabajo periodístico.
La presencia de gran cantidad de amigos, relaciones y profesionales que acompañaron a Oyarzo Leiva pareció un legítimo homenaje a quien se dedicara durante tres décadas y media al mundo del periodismo desde que llegó a nuestra zona (Concepción) a comienzos de la década del 70 desde Puerto Montt, tierra que lo acogió durante parte de su juventud, a estudiar periodismo en la Universidad de Concepción.
Que pareció dotado, como lo recordaron los colegas, de enorme fuerza, perseverancia y metodologías para buscar y trabajar la noticia, para establecer la verdad a fondo de cada acontecimiento que debió cubrir. Que en cada medio informativo donde estuvo desplegó esfuerzos sin reconocer horarios.
Quintín siempre pareció andar a 180 kilómetros no sólo en su trabajo, sino también en su cercanía humana. O combinando ambos componentes. La zona de Concepción, sus colegas y más de alguna institución le han debido por largo tiempo un homenaje por su valentía por hacer periodismo auténtico a favor de los derechos humanos. También por su proximidad en el tema de los mineros del carbón, del sindicalismo y otros valores sociales que hablaban de su sensibilidad humanista.
Igualmente, por la defensa del nombre de la propia Iglesia Católica y sus representantes, cuando ella, a través de voces inspiradas, como las del ex Arzobispo de Concepción monseñor José Manuel Santos Ascarza y el obispo (actual Presidente de la Conferencia Episcopal) monseñor Alejandro Goic, con quienes se relacionó cuando colaboró en el Arzobispado, se vio atacada en una época pasada. Sobre todo cuando los líderes católicos emergían con potente palabra de denuncia y solidaridad con las familias de los perseguidos o asesinados, o con las víctimas mismas.
Pero además, conjuntamente con su matizado sentido del humor, Oyarzo Leiva entregó amistad, mezclando irreverencia y alegría. Quintín, en el ámbito familiar deja a su esposa, la destacada docente de matemáticas Gabriela Tapia, a su hijo Francisco y a su hermana Onesima, residente en la Isla de Chiloé.
En Concepción, trabajó en el ex Diario Color, colaboró en el antiguo vespertino Crónica y fue reportero de primera línea durante quince años de El Sur. Asimismo fue corresponsal deportivo de La Tercera, jefe de prensa de la ex Radio Regional y encargado de Comunicaciones del Arzobispado, así como redactor de un importante y audaz programa radial de la Iglesia en los duros tiempos de la dictadura.
Desde la ciudad penquista se trasladó a Santiago en marzo de 1992 para asumir como editor nocturno del diario La Nación, sub editor de economía, editor de crónica, tareas en las que permaneció por espacio de una década. En esa etapa de plena madurez en el trabajo periodístico dejó grandes lecciones, reconocidas hasta hoy por profesionales antiguos y jóvenes. En la capital trabajó, asimismo, como editor de la Agencia Orbe y asesor del Ministerio de Defensa y en primeraplana.cl, portal que fundó y dirigió. También editaba un informe de prensa que, preparado por el mismo por las madrugadas que durante largo tiempo ofrecía día a día por vía computacional. Su enorme pasión por el periodismo hizo incluso que editara su último servicio 48 horas antes de fallecer.
Personaje amistoso. Sincero y querido. Que en el momento que dejó diario El Sur y estuviera por última vez en la sala de Redacción, fue despedido con un afectuoso y sostenido aplauso por los demás periodistas presentes. Esta vez, a los aplausos siguió el silencio, signo de lamento entre los colegas por su partida a la capital.
Sureño de amor profundo por sus orígenes que ahora retorna a Punta Arenas de la infancia, donde al igual que en las demás ciudades donde tuviera sus hitos existenciales, como en el mismo Concepción, con seguridad rondará su espíritu de gran periodista y gran persona.
Remijio Chamorro Rodríguez, Periodista
Concepción, martes 28 de abril de 2009
Quintín fue despedido en una luminosa mañana del domingo 26 en Santiago, en la Iglesia la Anunciación, Providencia , cerca de la que fue por muchos años su residencia. Y más tarde en el Cementerio Católico de Recoleta, en el cinerario. En ambos recintos se hicieron presente numerosos amigos, relaciones, familiares y gente de prensa escrita, de radio, televisión e instituciones diversas.
Durante la misa el periodista Nelson Escobar Osses entregó un testimonio que dibujó las ricas facetas humanas y las capacidades profesionales de este hombre que también residiera en Punta arenas, Chiloé y Puerto Montt.
En tanto, en una parte central de la liturgia, el sacerdote Manuel Hevia, que antes sirviera en la zona de Concepción y que fuera virtual amigo de Oyarzo, llamó a todos los periodistas presentes para que lo acompañaran en el altar. Allí, invocando la figura de Quintín y el amor cristiano, pidió a todos ellos, se tomaran de las manos y las izaran en señal de hermandad y cercanía con el espíritu del estimado y sabio reportero. Fueron instantes profundamente emotivos, en especial para la gente del periodismo. Asimismo, recordando palabras de Berthold Brecht, el sacerdote dijo que Quintín fue de los imprescindibles.
Más tarde el féretro fue retirado en medio de los aplausos que irrumpieron de entre los asistentes a la parroquia, en signo inequívoco de admiración por este personaje de gran versatilidad, incluido su fuerte rigor por el buen trabajo periodístico.
La presencia de gran cantidad de amigos, relaciones y profesionales que acompañaron a Oyarzo Leiva pareció un legítimo homenaje a quien se dedicara durante tres décadas y media al mundo del periodismo desde que llegó a nuestra zona (Concepción) a comienzos de la década del 70 desde Puerto Montt, tierra que lo acogió durante parte de su juventud, a estudiar periodismo en la Universidad de Concepción.
Que pareció dotado, como lo recordaron los colegas, de enorme fuerza, perseverancia y metodologías para buscar y trabajar la noticia, para establecer la verdad a fondo de cada acontecimiento que debió cubrir. Que en cada medio informativo donde estuvo desplegó esfuerzos sin reconocer horarios.
Quintín siempre pareció andar a 180 kilómetros no sólo en su trabajo, sino también en su cercanía humana. O combinando ambos componentes. La zona de Concepción, sus colegas y más de alguna institución le han debido por largo tiempo un homenaje por su valentía por hacer periodismo auténtico a favor de los derechos humanos. También por su proximidad en el tema de los mineros del carbón, del sindicalismo y otros valores sociales que hablaban de su sensibilidad humanista.
Igualmente, por la defensa del nombre de la propia Iglesia Católica y sus representantes, cuando ella, a través de voces inspiradas, como las del ex Arzobispo de Concepción monseñor José Manuel Santos Ascarza y el obispo (actual Presidente de la Conferencia Episcopal) monseñor Alejandro Goic, con quienes se relacionó cuando colaboró en el Arzobispado, se vio atacada en una época pasada. Sobre todo cuando los líderes católicos emergían con potente palabra de denuncia y solidaridad con las familias de los perseguidos o asesinados, o con las víctimas mismas.
Pero además, conjuntamente con su matizado sentido del humor, Oyarzo Leiva entregó amistad, mezclando irreverencia y alegría. Quintín, en el ámbito familiar deja a su esposa, la destacada docente de matemáticas Gabriela Tapia, a su hijo Francisco y a su hermana Onesima, residente en la Isla de Chiloé.
En Concepción, trabajó en el ex Diario Color, colaboró en el antiguo vespertino Crónica y fue reportero de primera línea durante quince años de El Sur. Asimismo fue corresponsal deportivo de La Tercera, jefe de prensa de la ex Radio Regional y encargado de Comunicaciones del Arzobispado, así como redactor de un importante y audaz programa radial de la Iglesia en los duros tiempos de la dictadura.
Desde la ciudad penquista se trasladó a Santiago en marzo de 1992 para asumir como editor nocturno del diario La Nación, sub editor de economía, editor de crónica, tareas en las que permaneció por espacio de una década. En esa etapa de plena madurez en el trabajo periodístico dejó grandes lecciones, reconocidas hasta hoy por profesionales antiguos y jóvenes. En la capital trabajó, asimismo, como editor de la Agencia Orbe y asesor del Ministerio de Defensa y en primeraplana.cl, portal que fundó y dirigió. También editaba un informe de prensa que, preparado por el mismo por las madrugadas que durante largo tiempo ofrecía día a día por vía computacional. Su enorme pasión por el periodismo hizo incluso que editara su último servicio 48 horas antes de fallecer.
Personaje amistoso. Sincero y querido. Que en el momento que dejó diario El Sur y estuviera por última vez en la sala de Redacción, fue despedido con un afectuoso y sostenido aplauso por los demás periodistas presentes. Esta vez, a los aplausos siguió el silencio, signo de lamento entre los colegas por su partida a la capital.
Sureño de amor profundo por sus orígenes que ahora retorna a Punta Arenas de la infancia, donde al igual que en las demás ciudades donde tuviera sus hitos existenciales, como en el mismo Concepción, con seguridad rondará su espíritu de gran periodista y gran persona.
Remijio Chamorro Rodríguez, Periodista
Concepción, martes 28 de abril de 2009
NEWSLETTER DEL COLEGIO DE PERIODISTAS:
Con emotiva misa en Concepción, colegas y amigos recordaron a Quintín Oyarzo .
Por momentos, la lluvia fue muy intensa. Quizás si fuese la presencia de Quintín que rondaba en la capilla de la Pastoral de los Trabajadores el mediodía del 12 de mayo. Hacía poco más de dos semanas que el colega Quintín Oyarzo Leiva había fallecido en Santiago, y un grupo de amigos, colegas, dirigentes sociales y sindicales, decidió reunirse en Concepción para recordar a quien conocieron en el reporteo o con quien compartieron numerosas jornadas de solidaridad, de vigilia, de larga espera por la noticia.
Enrique Moreno, sacerdote y periodista, fue quien ofició la emotiva misa. Afuera caía la lluvia, pero en la capilla el ambiente era cálido y lleno de recuerdos. “Cuando supe la noticia me impactó profundamente, no me lo esperaba”, comentó Enrique a los asistentes y luego los invitó a compartir sus recuerdos, reflexiones, vivencias sobre Quintín.
Fueron varios los que quisieron expresar sus sentimientos. Como el periodista Nelson Escobar, que además fue su compadre. Nelson habló de sus cualidades como amigo, de la acogida que brindaba en su hogar y de su apego a la verdad.
Ricardo Barrenechea, ex sindicalista del petróleo recordó una frase que Quintín siempre repetía: “Cuando el barco está en una tormenta no hay que preguntarse qué hacer, hay que hacerlo”, dijo para graficar de alguna forma lo que movía a Quintín Oyarzo.
Palabras similares de afecto y reconocimiento tuvieron el ex sindicalista Roberto Arredondo, y los colegas Remijio Chamorro y José Miguel Concha.
Al retomar la palabra, Enrique Moreno afirmó que Quintín era de los que le tenía alergia al poder “ y qué bueno tenerle alergia al poder, a todo tipo de poder. Con Quintín éramos cómplices en algunas cosas, la defensa de la vida y la preocupación primordial por el ser humano, eran las principales”. La misa terminó con más recuerdos, saludos y reencuentros. Todo eso, mientras la lluvia seguía cayendo aquella tarde de mayo en Concepción.
DIARIO "EL SUR", CONCEPCIÓN :
Emotivos recuerdos hubo en la misa en memoria de periodista Quintín Oyarzo
En una misa oficiada por el sacerdote y periodista Enrique Moreno Laval en la Pastoral Social del Arzobispado de Concepción, fue recordado ayer con emoción el periodista Quintín Oyarzo Leiva fallecido el 24 de abril en Santiago.
En una misa oficiada por el sacerdote y periodista Enrique Moreno Laval en la Pastoral Social del Arzobispado de Concepción, fue recordado ayer con emoción el periodista Quintín Oyarzo Leiva fallecido el 24 de abril en Santiago.
Al oficio religioso en su memoria asistieron su viuda Gabriela, colegas y amigos, dirigentes sindicales y políticos, muchos de ellos también entrañables amigos del conocido periodista que trabajó cerca de quince años en EL Sur. Su valentía, su amor inclaudicable por la verdad, su labor social, su lucha por la democracia y hasta su singular humor y picardía fueron recordados con sentidos testimonios. También lo recordó otro de sus amigos, el propio sacerdote Enrique Moreno Laval que viajó desde la capital al homenaje de Concepción a Quintín, con quien trabajó en un programa de la Iglesia.
BLOG DE LOS DOCENTES DE PERIODISMO, UNIVERSIDAD DE CONCEPCIÓN:
Hoy se realizó una misa in memoriam del periodista Quintín Oyarzo, fallecido la semana pasada en Santiago. Me pesa no haber estado allí, mi posteo tómese como un mea culpa. No fui amigo de Quintín, él tampoco me consideró como tal, mas nos estimamos. Lo recuerdo como mi alumno, singular por cierto, pues en 1989 cuando se reabre la carrrera de Periodismo, él estuvo entre quienes vinieron para realizar un trabajo de seminario y obtener el título de Periodista otorgado por la Universidad de Concepción, que como estudiantes se les adeudaba desde 1973. El bueno de Quintín escribió, junto con Guillermo Sandoval, un seminario sobre marketing político que, tómenlo como una auto referencia necesaria, yo dirigí. Ambos habían sido alumnos de nuestra carrera hasta cuando ésta fue interrumpida en su normal desarrollo.
Quintín Oyarzo fue un periodista destacado en un tiempo turbulento. Lo recuerdo siempre ligado a la permanente, a veces soterrada, lucha de los periodistas para retornar al régimen democrático. Habitualmente sonreía de una manera que daba a entender a sus interlocutores que él tenía “la última” anotada en su libreta. Casi siempre estaba allí garrapateada. Entre sus escritos recuerdo la narración que escribió para EL Sur, sobre la inmolación por fuego de Sebastián Acevedo en las gradas de la puerta del templo Catedral penquista, para otorgar fuerza a una pregunta fundamental para él, ¿dónde tienen presos a mis hijos?. Siempre he pensado que ese relato debiera estar en una antología de escritos periodísticos de Concepción. Más de alguna vez se lo dije a Quintín, sólo sonreía como debe hacerlo ahora en el lugar en que creo que está y al que va, me han dicho, sólo la buena gente. Que descanse, estoy seguro, sin embargo, que no deja de observar el más mínimo detalle y hasta es muy posible que tome notas…
Hugo Olea M
SANTIAGO (Por Gilberto Villarroel). Con espontáneos aplausos fue despedido este domingo 26 de abril el periodista Quintín Oyarzo (1950-2009), al término de la misa fúnebre realizada en la Parroquia Universitaria. Asistieron familiares, personalidades públicas como el ex Intendente de Santiago, Víctor Barrueto, destacados periodistas como Alberto "Gato" Gamboa y Manuel Salazar y amigos y compañeros de trabajo de toda la vida de Santiago y Concepción. El cuerpo de Quintín fue trasladado después a la capilla del crematorio del Cementerio Católico. Sus cenizas serán enviadas a Punta Arenas, el lugar donde nació hace 58 años (en octubre habría cumplido los 59).
Durante los próximos días, en fecha todavía por confirmar, se realizará una misa dedicada a su memoria en Concepción, ciudad donde pasó buena parte de su vida, como estudiante y luego como periodista.
Su viuda, Gaby, y su hijo, Francisco, han seguido recibiendo muestras de cariño tanto en persona como a través de notas publicadas en la prensa escrita, en radio, en Facebook y en blogs como éste. Aquí van algunas:
MÓNICA SILVA ANDRADE, en Diario "El Sur" de Concepción, en nota publicada el 29 de abril de 2009:
QUINTIN OYARZO LEIVA
Con la ironía, y a veces el sarcasmo que solía usar, desecharía las palabras en su homenaje. No las creería. Lo que sí le gustaría es que le reiteráramos que fue, por sobre todo, un amigo generoso, leal y afectuoso. Lo de buen profesional está casi de más, lo comprobaron los lectores de El Sur, de La Nación, donde se desempeñó; las instituciones donde trabajó, pero sobre todo las nuevas generaciones de profesionales que se formaron a su lado y que en el momento de su partida reconocieron al periodista de la vieja escuela, empeñado siempre en su misión de servicio a través del ejercicio responsable y sobre todo veraz del periodismo.
En Quintín evocamos también al periodista valiente y comprometido con la justicia y la verdad en momentos muy duros de la patria, el que supo asumir frentes noticiosos conflictivos y hurgar siempre más allá de los contenidos oficiales. Valoramos, como dijo el padre Manuel Hervia, oficiante en su misa de despedida en la parroquia La Anunciación de Santiago, su preocupación permanente por los destinos de la Iglesia Católica cuando desde todos los frentes era atacada con vehemencia. El también sufrió esos embates.
Quintín luchó denodadamente en su profesión y en su vida personal. Por ser mejor, por obtener buena información, acabada y plural. Supo lo que era caer muchas veces y volver a levantarse. Por vencer a la enfermedad que lo atacó hace largos años y que, sin embargo, no le impidió trabajar hasta el final.
Fue afortunado en el amor. Hace 30 años contrajo matrimonio con Gabriela Tapia Aqueveque, quien supo apoyarlo, confortarlo, comprenderlo, querer a sus amigos y amigas como el mismo Quintín lo hizo. Su único hijo Francisco es ya un profesional.
Lo recordamos con pena, por la ausencia; echaremos de menos sus bromas descarnadas; faltará al café donde analizábamos la política contingente, o los libros que habíamos leído; también algunas veces las fuertes discusiones; pero al mismo tiempo lo haremos con alegría recordando todos los momentos que constituyeron estas tres décadas de amistad y trabajo.
Margueritte Yourcenar le hace decir al emperador Adriano en ese libro memorable que son “Las Memorias de Adriano”, cuando siente que se aproxima el final “mínima alma mía, tierna y flotante, huésped y compañera de mi cuerpo, descenderás a esos parajes pálidos, rígidos y desnudos, donde habrás de renunciar a los juegos de antaño. Todavía un instante miremos juntos las riberas familiares, los objetos que sin duda no volveremos a ver….Tratemos de entrar en la muerte con los ojos abiertos”. Esperamos que Quintín, como buen periodista, haya entrado en la muerte con los ojos abiertos y quien sabe si frente a Dios pudiera hacerle la gran pregunta :¿por qué? , por y pese a todo, siempre creí y confié en su bondad y misericordia (Mónica Silva Andrade).
Con la ironía, y a veces el sarcasmo que solía usar, desecharía las palabras en su homenaje. No las creería. Lo que sí le gustaría es que le reiteráramos que fue, por sobre todo, un amigo generoso, leal y afectuoso. Lo de buen profesional está casi de más, lo comprobaron los lectores de El Sur, de La Nación, donde se desempeñó; las instituciones donde trabajó, pero sobre todo las nuevas generaciones de profesionales que se formaron a su lado y que en el momento de su partida reconocieron al periodista de la vieja escuela, empeñado siempre en su misión de servicio a través del ejercicio responsable y sobre todo veraz del periodismo.
En Quintín evocamos también al periodista valiente y comprometido con la justicia y la verdad en momentos muy duros de la patria, el que supo asumir frentes noticiosos conflictivos y hurgar siempre más allá de los contenidos oficiales. Valoramos, como dijo el padre Manuel Hervia, oficiante en su misa de despedida en la parroquia La Anunciación de Santiago, su preocupación permanente por los destinos de la Iglesia Católica cuando desde todos los frentes era atacada con vehemencia. El también sufrió esos embates.
Quintín luchó denodadamente en su profesión y en su vida personal. Por ser mejor, por obtener buena información, acabada y plural. Supo lo que era caer muchas veces y volver a levantarse. Por vencer a la enfermedad que lo atacó hace largos años y que, sin embargo, no le impidió trabajar hasta el final.
Fue afortunado en el amor. Hace 30 años contrajo matrimonio con Gabriela Tapia Aqueveque, quien supo apoyarlo, confortarlo, comprenderlo, querer a sus amigos y amigas como el mismo Quintín lo hizo. Su único hijo Francisco es ya un profesional.
Lo recordamos con pena, por la ausencia; echaremos de menos sus bromas descarnadas; faltará al café donde analizábamos la política contingente, o los libros que habíamos leído; también algunas veces las fuertes discusiones; pero al mismo tiempo lo haremos con alegría recordando todos los momentos que constituyeron estas tres décadas de amistad y trabajo.
Margueritte Yourcenar le hace decir al emperador Adriano en ese libro memorable que son “Las Memorias de Adriano”, cuando siente que se aproxima el final “mínima alma mía, tierna y flotante, huésped y compañera de mi cuerpo, descenderás a esos parajes pálidos, rígidos y desnudos, donde habrás de renunciar a los juegos de antaño. Todavía un instante miremos juntos las riberas familiares, los objetos que sin duda no volveremos a ver….Tratemos de entrar en la muerte con los ojos abiertos”. Esperamos que Quintín, como buen periodista, haya entrado en la muerte con los ojos abiertos y quien sabe si frente a Dios pudiera hacerle la gran pregunta :¿por qué? , por y pese a todo, siempre creí y confié en su bondad y misericordia (Mónica Silva Andrade).
NELSON ESCOBAR, PERIODISTA, en una despedida que leyó durante la misa fúnebre:
Querido amigo Quintín:
No es fácil hilvanar ideas para entregar un testimonio de tu vida y de tu paso por esta tierra a la que tanto amaste, ligada desde muy temprano a Punta Arenas, donde quedarán tus cenizas; a Chiloé, donde pasaste parte importante de tu existencia; a Puerto Montt, en que viviste tu juventud; a Concepción, donde te iniciaste como periodista y, finalmente, aquí en Santiago, ciudad en la que te realizaste como profesional de las comunicaciones y donde te sorprendió también la muerte.
Algunos de los que estamos hoy aquí te conocimos cuando recién dabas tus primeros pasos en el apasionante mundo del periodismo y fuimos testigos de tu gran entusiasmo, de tu empuje y de tu inclaudicable búsqueda de la verdad.
Nos dejas a una edad en que pareciera que quedan muchas cosas por hacer, pero, en tu caso, se puede decir que te vas con la tarea cumplida. De ello pueden dar fe no sólo Gaby, tu querida esposa, sino también Francisco, ya un exitoso profesional y una gran mayoría de quienes te acompañamos esta mañana en esta dolorosa partida.
Muchas virtudes adornaron tu existencia, pero, sin duda, resaltan con luces propias tu apego a la verdad, tu vigorosa y permanente defensa de los derechos humanos y tu entrega hacia los demás.
Marcaste toda una época como un ejemplo de reportero, por tu sagacidad, tu acuciosidad y tu profesionalismo a toda prueba.
La amistad fue un valor que repartiste a raudales y que, de una u otra forma, alcanzó a muchos de los que estamos hoy aquí. Las puertas de tu casa, en Concepción y en Santiago estuvieron siempre abiertas para acoger a todos quienes quisieran, sin distingos de ninguna clase.
En tiempos difíciles de nuestro país, te la jugaste por entero por la justicia y la verdad, lo que quedó reflejado en muchas de las crónicas publicadas en los medios que trabajaste y que hoy son historia.
Fuiste, sin duda, una buena persona y un mejor amigo. En mi caso, tuve la suerte de ser, además, tu compadre y compartir hermosos momentos de nuestras vidas, como tu unión con Gaby, el nacimiento de Francisco y ser testigos de su exitosa trayectoria, primero como estudiante y ahora como todo un ingeniero.
Ya se apagó la llama de tu paso por esta tierra, pero no te quepa la menor duda que su luz alumbrará por mucho tiempo más.
En los próximos días haremos una misa en tu memoria en Concepción y, no te quepa duda, que allí estarán muchos de quienes te conocieron, te quisieron y no pudieron acompañarte esta mañana. Será otro momento para recordarte, para pedir a Dios por tu alma, para rogar por Gabriela, por Francisco y por tu hermana Nelly. Será también un instante para la reflexión y para darle gracias por haber tenido la oportunidad de ser parte de tu vida.
Querido amigo. Descansa en paz.
No es fácil hilvanar ideas para entregar un testimonio de tu vida y de tu paso por esta tierra a la que tanto amaste, ligada desde muy temprano a Punta Arenas, donde quedarán tus cenizas; a Chiloé, donde pasaste parte importante de tu existencia; a Puerto Montt, en que viviste tu juventud; a Concepción, donde te iniciaste como periodista y, finalmente, aquí en Santiago, ciudad en la que te realizaste como profesional de las comunicaciones y donde te sorprendió también la muerte.
Algunos de los que estamos hoy aquí te conocimos cuando recién dabas tus primeros pasos en el apasionante mundo del periodismo y fuimos testigos de tu gran entusiasmo, de tu empuje y de tu inclaudicable búsqueda de la verdad.
Nos dejas a una edad en que pareciera que quedan muchas cosas por hacer, pero, en tu caso, se puede decir que te vas con la tarea cumplida. De ello pueden dar fe no sólo Gaby, tu querida esposa, sino también Francisco, ya un exitoso profesional y una gran mayoría de quienes te acompañamos esta mañana en esta dolorosa partida.
Muchas virtudes adornaron tu existencia, pero, sin duda, resaltan con luces propias tu apego a la verdad, tu vigorosa y permanente defensa de los derechos humanos y tu entrega hacia los demás.
Marcaste toda una época como un ejemplo de reportero, por tu sagacidad, tu acuciosidad y tu profesionalismo a toda prueba.
La amistad fue un valor que repartiste a raudales y que, de una u otra forma, alcanzó a muchos de los que estamos hoy aquí. Las puertas de tu casa, en Concepción y en Santiago estuvieron siempre abiertas para acoger a todos quienes quisieran, sin distingos de ninguna clase.
En tiempos difíciles de nuestro país, te la jugaste por entero por la justicia y la verdad, lo que quedó reflejado en muchas de las crónicas publicadas en los medios que trabajaste y que hoy son historia.
Fuiste, sin duda, una buena persona y un mejor amigo. En mi caso, tuve la suerte de ser, además, tu compadre y compartir hermosos momentos de nuestras vidas, como tu unión con Gaby, el nacimiento de Francisco y ser testigos de su exitosa trayectoria, primero como estudiante y ahora como todo un ingeniero.
Ya se apagó la llama de tu paso por esta tierra, pero no te quepa la menor duda que su luz alumbrará por mucho tiempo más.
En los próximos días haremos una misa en tu memoria en Concepción y, no te quepa duda, que allí estarán muchos de quienes te conocieron, te quisieron y no pudieron acompañarte esta mañana. Será otro momento para recordarte, para pedir a Dios por tu alma, para rogar por Gabriela, por Francisco y por tu hermana Nelly. Será también un instante para la reflexión y para darle gracias por haber tenido la oportunidad de ser parte de tu vida.
Querido amigo. Descansa en paz.
MARCELO CASTILLO, La Nación, escribió en la página editorial una columna titulada "Quintín, eras un carajo… pero cuánto aprendimos contigo" :
No voy a decir cosas lindas ahora que murió Quintín Oyarzo. Él no se merece la lisonja de un funeral. Se merece los honores de un gran periodista.
Fue mi editor nocturno en este mismo diario, cuando yo era un reportero que trabajaba de sol a luna. Todo el mundo temblaba cuando Quintín rugía al acercarse la hora de cierre a la medianoche. Lo vi también muchas veces en el reporteo. Hacía unas preguntas quemantes sin arrugarse, pero sin odio, sin violencia, sólo con inteligencia.
Era drástico cuando no le gustaba lo que escribían los periodistas. Recuerdo que un día le dijo a Marina Teitelboim algo así como "yo creo que no sirves para esto". Ella era la hija de nuestro gran escritor y dirigente comunista Volodia. Ella venía de criarse en ruso y el español no era lo suyo, a pesar de su gran voluntad e inteligencia. Gracias a Quintín hoy Chile tiene una gran diplomática.
Se va uno de los nuestros, de una generación de periodistas que no temía al debate franco, al intercambio de ideas, a tener la camiseta puesta, cuando el periodismo estaba claramente definido como un servicio a los lectores y no como una caricia al ego personal.
Fue mi editor nocturno en este mismo diario, cuando yo era un reportero que trabajaba de sol a luna. Todo el mundo temblaba cuando Quintín rugía al acercarse la hora de cierre a la medianoche. Lo vi también muchas veces en el reporteo. Hacía unas preguntas quemantes sin arrugarse, pero sin odio, sin violencia, sólo con inteligencia.
Era drástico cuando no le gustaba lo que escribían los periodistas. Recuerdo que un día le dijo a Marina Teitelboim algo así como "yo creo que no sirves para esto". Ella era la hija de nuestro gran escritor y dirigente comunista Volodia. Ella venía de criarse en ruso y el español no era lo suyo, a pesar de su gran voluntad e inteligencia. Gracias a Quintín hoy Chile tiene una gran diplomática.
Se va uno de los nuestros, de una generación de periodistas que no temía al debate franco, al intercambio de ideas, a tener la camiseta puesta, cuando el periodismo estaba claramente definido como un servicio a los lectores y no como una caricia al ego personal.
DIARIO "EL SUR", CONCEPCIÓN:
El reconocido periodista Quintín Oyarzo Leiva falleció anoche tras una larga enfermedad. El profesional, que actualmente se desempeñaba como asesor del Ministerio de Defensa, se desempeñó en Diario El Sur y hasta hace un tiempo colaboró con el cuerpo de Reportajes de esta casa periodística. También trabajó en el Arzobispado y fue director de varios medios. Estudió en la Universidad de Concepción.
IVÁN BUENO, PERIODISTA:
Lamento lo de Quintín..gran editor nocturno...lo conocí en La Nación y conocí de su sencillez, picardía y simpatía de la gente sureña, ..a poco de conocernos me invitó a su casa, donde cené un banquete gourmet y oí de sus increíbles historias, de sus pitutos y sus frases..Mala cosa. Cada día se pierde alguien querido....
PAUL WALDER, PERIODISTA:
Estoy sorprendido...y asustado.
RENATO LEYTON, PERIODISTA:
"Alcemos nuestras copas y bebamos, cantando. ¡A la salud de todos los amores!¡A la salud del pueblo, trabajando". ¡Buen viaje, Quintín!
MARIO PARADA, PERIODISTA DEL PORTAL PRIMERA PLANA:
Este viernes 24 de abril falleció nuestro colega Quintín Oyarzo Leiva (1950-2009). Su muerte enluta hoy no sólo a Gabriela, su esposa, y a Francisco, su hijo, sino que también afecta al periodismo nacional. Durante su larga trayectoria profesional trabajó en diversos medios y contribuyó a la formación de varias generaciones de reporteros. Yo soy uno de ellos. Aunque trabajábamos en diarios distintos, tuve la oportunidad de compartir reporteo y amistad con Quintín. Para él son estas líneas.
Se ha ido Quintín Oyarzo Leiva, Quintín para los amigos. Lo conocí en 1994, cuando yo iniciaba mis labores como reportero titular de El Mercurio en el sector laboral y Quintín trabajaba en la sección de Economía del diario La Nación. Desde entonces compartí muchas jornadas -periodísticas y de las otras- con él. Fue para mí un colega, un amigo, un hermano y, por sobre todo, un gran maestro.
Se ha ido Quintín Oyarzo Leiva, Quintín para los amigos. Lo conocí en 1994, cuando yo iniciaba mis labores como reportero titular de El Mercurio en el sector laboral y Quintín trabajaba en la sección de Economía del diario La Nación. Desde entonces compartí muchas jornadas -periodísticas y de las otras- con él. Fue para mí un colega, un amigo, un hermano y, por sobre todo, un gran maestro.
Juntos reporteamos cientos de conferencias de prensa y cubrimos marchas, elecciones sindicales, huelgas varias y negociaciones del sector público. Siempre tenía un dato o una cuña propia, logrados en el pasillo, en la calle o a la salida de una reunión que no le interesaba a nadie. Pero ahí estaba Quintín, con su grabadora siempre lista, la libreta en ristre y la pregunta precisa.
Tenía un gran olfato para las noticias, escribía como los dioses y su amplio conocimiento de muchas materias le permitía asociar datos, hechos y personajes. Era difícil pillarlo. “Existe un solo animal que es más peligroso que el tiburón blanco: un periodista con buena memoria”, era una de sus máximas más frecuentes. Se distinguió por ser un reportero riguroso y un editor implacable, exigente y a veces cascarrabias.
Era también un anfitrión generoso y dedicado. A mí y a otros colegas nos abrió las puertas de su hogar y su familia. Su casa fue durante muchos años centro de reunión obligado para el grupo de periodistas laborales del cual fuimos parte. Eximio cocinero, era capaz de improvisar guisos y caldos con la misma rapidez con que paraba una crónica. Y le quedaban igual de buenos.
Tuvimos largas tertulias en la cocina de su departamento y en la barra del Berri. A veces nos convocaba por teléfono a compartir una porotada a la hora de almuerzo, donde el tema central casi siempre eran las noticias. Quintín vibraba con ellas y vivía el periodismo las 24 horas del día. Llevaba, como el mismo decía, la tinta en la sangre.
El diario El Sur, Radio Chilena, el Arzobispado de Concepción, La Nación y la agencia Orbe fueron parte de su largo recorrido profesional. Cubrió política, policía, laboral, economía y defensa, este último sector uno de sus favoritos y donde se movía como pez en el agua. Su última estación fue primeraplana.cl, portal que fundó y dirigió con la pasión periodística de siempre.
Querido amigo y colega, lamento tu partida y creo que estas líneas son mezquinas para agradecer tu amistad y lo mucho que aprendí de ti. Te fuiste a buscar nuevas noticias, que espero me cuentes cuando nos reencontremos más allá de este mundo profano.
Recibe un gran abrazo Quintín. Descansa en paz., hermano.
ALICIA ARAVENA, en Carta Abierta enviada al diario "La Nación", de Santiago:
Carta abierta
Querido Quintín:
Con profundo dolor y sorpresa me he enterado de tu partida.
Te recordé sonriente con tu vozarrón llamándome de un lado a otro, de esa crónica estupenda que teníamos en La Nación de esos años: “¡¡¡Soldado Aravena!!!”.
Nadie vibró tanto como tú, cuando me nombraron periodista a cargo del sector Defensa. Te diste el tiempo y la paciencia de explicarme, contarme y enseñarme todo lo que sabías y que tan bien manejabas.
Me abriste puertas y orientaste mi camino. Me estimulaste siempre a no decaer en un área tan difícil de abordar en aquellos primeros años de la Democracia.
Fuiste un hombre generoso en afectos y en enseñanzas, amigo de tus amigos, siempre presente y solidario, como en tantos viajes que compartimos en Chile y en el extranjero.
Querido Quintín, te recuerdo junto a Gabriel Freire y Manuel Villar. Un trío de temer que dio alma e identidad a La Nación de aquellos años, donde aprendíamos unos de otros, haciendo de todo, generando con ello la mejor de las Escuelas. Ahí me enamoré de esta profesión.
Te recordaré siempre, con tu radio chica al oído, tu grabadora eterna y tus madrugadas de radio, siempre con el último dato, el boletín actualizado, el despacho al día de cada tema.
Muchas veces te lo dije, pero hoy lo reitero: Gracias, querido amigo, por haber cruzado nuestros caminos en esta vida, donde has dejado una huella significativa en nuestros corazones.
Con gran afecto, Alicia Aravena.
FOTOS: Gilberto Villarroel. LECTURAS:
1.Espontáneos aplausos dentro y fuera de la iglesia, en Providencia, para despedir a Quintín.
2.La familia y los amigos lo despiden en la capilla del crematorio del Cementerio Católico, en Recoleta.
3.Amigos y familiares durante la misa en Providencia.
sábado, 25 de abril de 2009
Quintín Oyarzo (1950-2009)


(Por Gilberto Villarroel). Este viernes se nos fue Quintín Oyarzo, periodista, amigo, padre de Francisco, esposo de Gaby. Lo conocí en 1985, cuando llegué a hacer mi práctica al diario "El Sur" de Concepción y, aunque era un poco cascarrabias e impaciente con los practicantes, se notaba que era el más avispado de todos los periodistas de la redacción, así que rápidamente empecé a hacerle caso y a seguir todos sus consejos. Mi práctica de tres meses se convirtió en una residencia de casi tres años, con contrato, en el diario. Y durante ese tiempo fue mi mentor y mi amigo.
Lo vi cubriendo sin temor alguno, en años muy oscuros, informaciones y casos sobre derechos humanos, conflictos sindicales, crisis universitarias y bajando a los pirquenes de Lota y Coronel en improvisados ascensores que los mineros hacían con neumáticos y cuerdas. Pirquenes que semanas después se inundaban, llevándose a los mismos trabajadores cuyas penurias Quintín había retratado fielmente en el diario. Vidas frágiles, como lo eran las nuestras en ese momento, expuestas a cualquier tipo de contingencia o a las políticas del Estado.
Supe de personas que recibieron su ayuda cuando era el periodista que trabajaba para el Arzobispado de Concepción, vi cómo prestó generosamente su casa para comidas entre líderes de opinión que requerían un ambiente más discreto para negociar cualquier cosa, me enseñó que las mejores exclusivas podían salir en medio de una noche de carrete, con apuntes escritos al pasar en una servilleta, lo vi entrevistar a dirigentes sindicales, tomando apuntes en su máquina de escribir, que tecleaba a una velocidad endemoniada, y luego, una vez terminada la conversación, arrancar con gesto triunfal de la máquina la carilla de papel amarillo con la entrevista perfectamente transcrita y editada, con encabezado y todo, llamar al fotógrafo para que retratara al dirigente, poner una hoja verde en la máquina para escribir la lectura de foto, sacar la hoja, poner una carilla rosada para escribir el título, juntar todo el material, doblarlo en dos y dejarlo caer sobre la bandeja del editor a una velocidad supersónica. Conversación terminada, nota despachada. Y así todo el día. Carilla tras carilla. Noticia tras noticia. El más rápido, el más prolífico.
La hora avanza y tengo que ir a su responso fúnebre. Qué raro llevarle flores a este amigo en particular. Un crudo y una cerveza, sí. Pero jamás habría imaginado que alguna vez le llevaría flores.
Otro día les contaré sobre sus andanzas como director de prensa de Radio Regional, en Concepción, en vísperas del plebiscito del 88, su desembarco en Santiago, su paso como editor por La Nación, con una curiosidad farandulera incluida (el Boloccazo) , su labor como editor en la agencia de noticias Orbe, en una oficina minúscula, y su tarea como director y fundador del portal de noticias Primera Plana. Detestaba a quienes no se sentían periodistas todo el día. A un periodista del canal 5 de Concepción lo retó una vez por dejar pasar una noticia porque andaba "como persona, no como periodista". "Eres periodista las 24 horas del día", afirmaba siempre e incluso le exigía esa dedicación a su esposa, la Gaby, y se enojaba si ella, profesora de matemáticas, no anotaba las patentes de los autos después de haber visto un choque en la calle.
Un abrazo, Quintín, ojalá nos encontremos de nuevo alguna vez, para ver cómo te ríes de todo con esa sonrisa malévola y pícara que te hacía brillar los ojos. Te vamos a extrañar...
Lo vi cubriendo sin temor alguno, en años muy oscuros, informaciones y casos sobre derechos humanos, conflictos sindicales, crisis universitarias y bajando a los pirquenes de Lota y Coronel en improvisados ascensores que los mineros hacían con neumáticos y cuerdas. Pirquenes que semanas después se inundaban, llevándose a los mismos trabajadores cuyas penurias Quintín había retratado fielmente en el diario. Vidas frágiles, como lo eran las nuestras en ese momento, expuestas a cualquier tipo de contingencia o a las políticas del Estado.
Supe de personas que recibieron su ayuda cuando era el periodista que trabajaba para el Arzobispado de Concepción, vi cómo prestó generosamente su casa para comidas entre líderes de opinión que requerían un ambiente más discreto para negociar cualquier cosa, me enseñó que las mejores exclusivas podían salir en medio de una noche de carrete, con apuntes escritos al pasar en una servilleta, lo vi entrevistar a dirigentes sindicales, tomando apuntes en su máquina de escribir, que tecleaba a una velocidad endemoniada, y luego, una vez terminada la conversación, arrancar con gesto triunfal de la máquina la carilla de papel amarillo con la entrevista perfectamente transcrita y editada, con encabezado y todo, llamar al fotógrafo para que retratara al dirigente, poner una hoja verde en la máquina para escribir la lectura de foto, sacar la hoja, poner una carilla rosada para escribir el título, juntar todo el material, doblarlo en dos y dejarlo caer sobre la bandeja del editor a una velocidad supersónica. Conversación terminada, nota despachada. Y así todo el día. Carilla tras carilla. Noticia tras noticia. El más rápido, el más prolífico.
La hora avanza y tengo que ir a su responso fúnebre. Qué raro llevarle flores a este amigo en particular. Un crudo y una cerveza, sí. Pero jamás habría imaginado que alguna vez le llevaría flores.
Otro día les contaré sobre sus andanzas como director de prensa de Radio Regional, en Concepción, en vísperas del plebiscito del 88, su desembarco en Santiago, su paso como editor por La Nación, con una curiosidad farandulera incluida (el Boloccazo) , su labor como editor en la agencia de noticias Orbe, en una oficina minúscula, y su tarea como director y fundador del portal de noticias Primera Plana. Detestaba a quienes no se sentían periodistas todo el día. A un periodista del canal 5 de Concepción lo retó una vez por dejar pasar una noticia porque andaba "como persona, no como periodista". "Eres periodista las 24 horas del día", afirmaba siempre e incluso le exigía esa dedicación a su esposa, la Gaby, y se enojaba si ella, profesora de matemáticas, no anotaba las patentes de los autos después de haber visto un choque en la calle.
Un abrazo, Quintín, ojalá nos encontremos de nuevo alguna vez, para ver cómo te ríes de todo con esa sonrisa malévola y pícara que te hacía brillar los ojos. Te vamos a extrañar...
LECTURAS DE FOTOS:
1.Mis queridos amigos Virginia Rioseco y Quintín Oyarzo, en una foto de archivo tomada en el diario "El Sur", de Concepción, entre 1986 y 1987.
2. Esta otra me la pasó Quintín en 2003, una vez que lo entrevisté para una nota en el portal de la BBC. Nunca lo había visto tan serio.
viernes, 27 de marzo de 2009
Themo Lobos escribe sobre "El Modelo de Pickman"...y sobre varias obras más.


¿ADAPTADORES O ”COAUTORES”?
(CONCÓN, POR THEMO LOBOS).
Algunas de las primeras adaptaciones que llegaron a mis manos fueron los “Digestos”, o resúmenes de los divulgados best sellers publicados en las páginas de antiguos Reader’s Digest, dirigidos a aquellos lectores con limitado tiempo para leer.
Aunque estaban recortados y reducidos, en ellos se respetaba magistralmente el tema original e, incluso, el estilo de los diferentes autores. Pronto se agregarían a las novelas de origen las adaptaciones cinematográficas: “Beau Geste” de Christopher Wren, “The Grapes of Wrath” de John Steinbeck, y muchas otras, todas con gran éxito.
Pasaron los años, y, con el nacimiento de la historieta o COMIC en la gráfica de entretención, no tardaron en aparecer los relatos literarios como tema argumental del arte secuencial. En esta grata tarea se distinguieron, Por su calidad artística y un respeto notable hacia los escritores, diversos dibujantes italo-argentinos. Destacados adaptadores como José Luis Salinas (“Ella”, “Ayesha”, “La Pimpinela Escarlata”, “Los Tres Mosqueteros” y otros); Juan D’Adderio (“Crimen y Castigo”); Jorge Pérez-Castillo (chileno que, junto a su hermano Arturo se hizo famoso en Argentina), con su hermosa versión de “María” de Jorge Isaacs y “Madame Bovary”, entre otras obras que se publicaron en Intervalo, Aventuras, Patoruzito y muchas revistas de gran circulación en el país hermano.
Luego apareció otro maestro de la historieta: Alberto Breccia, con un clásico de la literatura de suspenso, misterio y ciencia-ficción, “Los Mitos de Ctulhu”, de Lovecraft. Con una genial combinación de dibujos, textos y collage y un magistral uso de grises y negros intensos, tradujo a imágenes las fantasmagorías del autor. Aquí aparecen los “Antiguos”, las escalinatas que, en forma vertiginosa se hunden en las entrañas del planeta; “El Color que cayó del Cielo”, con los horrores sufridos por los humanos de un pueblito, y otras escalofriantes historias.
Sin embargo, hay cuentos cortos de Baldomero Lillo, como “Inamible” y “Las Aventuras de Cañuela y Petaca”, relatos breves de gran calidad literaria, de autores como Francisco Coloane, Manuel Rojas y María Luisa Bombal, que merecen ser adaptados a historieta.
De Rojas, por ejemplo, tenemos la enternecedora historia de “El vaso de Leche”, que sería un interesante desafío para el artista que hiciera un estudio de las fisonomías y expresiones de los personajes, ya que la acción es mínima.
Pero ya está en nuestras manos el resultado del trabajo de un grupo de jóvenes chilenos, argumentistas-guionistas y dibujantes que, gracias a su entusiasta trabajo, y al apoyo del FONDO DE CULTURA DEL GOBIERNO DE CHILE, ha logrado realizar la adaptación de uno de los más inquietantes relatos de H.P. Lovecraft. Creo – y espero – que esta publicación será el inicio de una tendencia que conseguirá develar las capacidades de nuestros valores artísticos jóvenes, que han sido postergadas por demasiado tiempo en su expresión gráfica dirigida a la divulgación literaria. La presente edición es una muestra valiosa de lo que se puede lograr en el futuro.
La adaptación de El Modelo de Pickman , de H.P. Lovecraft, realizada por Villarroel, Aiquel y Luco tiene la fuerza innegable de un inicio promisorio. Si usted, al leer y mirar las escenas de esta obra, siente un escalofrío y alguna emoción… se habrá conseguido el propósito planeado.
¡Que se repita, que se divulgue y que sea aceptada por los lectores! La historieta es un vehículo valiosísimo de la cultura.
¡Adelante, amigos y colegas! ¡Están bien encaminados! ¡Vaya mi saludo entusiasta para ustedes!
(CONCÓN, POR THEMO LOBOS).
Algunas de las primeras adaptaciones que llegaron a mis manos fueron los “Digestos”, o resúmenes de los divulgados best sellers publicados en las páginas de antiguos Reader’s Digest, dirigidos a aquellos lectores con limitado tiempo para leer.
Aunque estaban recortados y reducidos, en ellos se respetaba magistralmente el tema original e, incluso, el estilo de los diferentes autores. Pronto se agregarían a las novelas de origen las adaptaciones cinematográficas: “Beau Geste” de Christopher Wren, “The Grapes of Wrath” de John Steinbeck, y muchas otras, todas con gran éxito.
Pasaron los años, y, con el nacimiento de la historieta o COMIC en la gráfica de entretención, no tardaron en aparecer los relatos literarios como tema argumental del arte secuencial. En esta grata tarea se distinguieron, Por su calidad artística y un respeto notable hacia los escritores, diversos dibujantes italo-argentinos. Destacados adaptadores como José Luis Salinas (“Ella”, “Ayesha”, “La Pimpinela Escarlata”, “Los Tres Mosqueteros” y otros); Juan D’Adderio (“Crimen y Castigo”); Jorge Pérez-Castillo (chileno que, junto a su hermano Arturo se hizo famoso en Argentina), con su hermosa versión de “María” de Jorge Isaacs y “Madame Bovary”, entre otras obras que se publicaron en Intervalo, Aventuras, Patoruzito y muchas revistas de gran circulación en el país hermano.
Luego apareció otro maestro de la historieta: Alberto Breccia, con un clásico de la literatura de suspenso, misterio y ciencia-ficción, “Los Mitos de Ctulhu”, de Lovecraft. Con una genial combinación de dibujos, textos y collage y un magistral uso de grises y negros intensos, tradujo a imágenes las fantasmagorías del autor. Aquí aparecen los “Antiguos”, las escalinatas que, en forma vertiginosa se hunden en las entrañas del planeta; “El Color que cayó del Cielo”, con los horrores sufridos por los humanos de un pueblito, y otras escalofriantes historias.
Breccia reprodujo el entorno ominoso de los personajes agobiados cuadro a cuadro, por una semipenumbra poblada de horrendas y rampantes criaturas.
Duele observar que en nuestra patria este tipo de adaptaciones casi no existe; pienso que la causa es que hay pobreza en la publicación del género historietístico. Hace ya cincuenta años se intentó publicar, en forma de historieta, las “Aventuras del perrito Cuatro Remos”, intento fallido.
Duele observar que en nuestra patria este tipo de adaptaciones casi no existe; pienso que la causa es que hay pobreza en la publicación del género historietístico. Hace ya cincuenta años se intentó publicar, en forma de historieta, las “Aventuras del perrito Cuatro Remos”, intento fallido.
Sin embargo, hay cuentos cortos de Baldomero Lillo, como “Inamible” y “Las Aventuras de Cañuela y Petaca”, relatos breves de gran calidad literaria, de autores como Francisco Coloane, Manuel Rojas y María Luisa Bombal, que merecen ser adaptados a historieta.
De Rojas, por ejemplo, tenemos la enternecedora historia de “El vaso de Leche”, que sería un interesante desafío para el artista que hiciera un estudio de las fisonomías y expresiones de los personajes, ya que la acción es mínima.
Pero ya está en nuestras manos el resultado del trabajo de un grupo de jóvenes chilenos, argumentistas-guionistas y dibujantes que, gracias a su entusiasta trabajo, y al apoyo del FONDO DE CULTURA DEL GOBIERNO DE CHILE, ha logrado realizar la adaptación de uno de los más inquietantes relatos de H.P. Lovecraft. Creo – y espero – que esta publicación será el inicio de una tendencia que conseguirá develar las capacidades de nuestros valores artísticos jóvenes, que han sido postergadas por demasiado tiempo en su expresión gráfica dirigida a la divulgación literaria. La presente edición es una muestra valiosa de lo que se puede lograr en el futuro.
La adaptación de El Modelo de Pickman , de H.P. Lovecraft, realizada por Villarroel, Aiquel y Luco tiene la fuerza innegable de un inicio promisorio. Si usted, al leer y mirar las escenas de esta obra, siente un escalofrío y alguna emoción… se habrá conseguido el propósito planeado.
¡Que se repita, que se divulgue y que sea aceptada por los lectores! La historieta es un vehículo valiosísimo de la cultura.
¡Adelante, amigos y colegas! ¡Están bien encaminados! ¡Vaya mi saludo entusiasta para ustedes!
FOTOS
1. Themo Lobos, imagen de archivo. Foto: Gilberto Villarroel.
2. Gilberto Villarroel y Themo Lobos en una imagen de archivo, de 1993. Foto: Teresa Vial.
lunes, 23 de marzo de 2009
"El Modelo de Pickman": primeras reseñas.

Villarroel, Aiquel y Luco “han logrado realizar la adaptación de uno de los más inquietantes relatos de H.P. Lovecraft. Si usted, al mirar y leer las escenas de esta obra, siente algún escalofrío y alguna emoción…se habrá conseguido el propósito”.
THEMO LOBOS, dibujante, en el prólogo del cómic.
“¿Recomendable? Absolutamente. El Modelo de Pickman es parte ya de la historia de nuestro cómic y debe ser considerado un ladrillo relevante de nuestra incipiente construcción”.
JORGE BARADIT, escritor.
http://www.baradit.cl/blog/2009/03/el-modelo-de-pickman/
“…Aunque la acción se desarrolla en la época actual, la obra…conserva los principales elementos de la pieza creada por el atormentado y popular narrador estadounidense”.
RODRIGO CASTILLO, LUN
"El Modelo de Pickman es un trabajo más aspiracional que concreto en sus logros. Se apoya con fuerza en una pieza narrativa de calidad, luego en un guión correcto y en su adecuada composición. Si somos capaces (o lo suficientemente generosos y solidarios) para obviar el deficiente trabajo de línea, de todas formas es una novela gráfica agradable de leer, que entretiene y cumple la mayoría de sus objetivos".
MYTHICA EDICIONES, Blog. Editorial chilena de Narrativa Gráfica.
“La leí, me pescó de inmediato”.
MAURICIO GARCÍA, editor del portal Ergocomics.cl.
"Inspirados en los imaginarios de novelas gráficas como Batman y Arkham Asylum (creado por Dave Mckean y Grant Morrison), los dibujantes de El modelo de Pickman mezclaron técnicas de ilustración: fotomontaje, dibujo a lápiz, acuarela y óleo. Así, Aiquel y Luco optaron por un trabajo manual que los liberó de los computadores".
DENISSE ESPINOZA, La Tercera.
DENISSE ESPINOZA, La Tercera.
LECTURA DE IMÁGENES.
1. "El Modelo de Pickman". La Parte de Santiago, dibujada por Gabriel Aiquel.
2. "El Modelo de Pickman". La Parte de Chiloé, dibujada por Christian Luco.
viernes, 20 de marzo de 2009
Exitoso lanzamiento del cómic "El Modelo de Pickman": Qué Leo agotó stock de ejemplares.




(SANTIAGO). Con lleno total se realizó anoche, en librería Qué Leo, en Providencia, el lanzamiento del cómic-book“El Modelo de Pickman”, basado libremente en un relato de H.P. Lovecraft, con guión de Gilberto Villarroel y dibujos y tintas de Gabriel Aiquel y Christian Luco. La obra fue presentada por los propios autores y por el editor del portal especializado Ergocomics.cl, Mauricio García, quien manifestó que su interés por la literatura de Lovecraft tiene más de 30 años y se remonta a las publicaciones de editorial, Quimantú, a comienzos de los 70, con relatos como "En la cripta".
La edición de 60 páginas, en papel couché, que ya se encuentra a la venta en las principales librerías de Chile y a través de Internet en Bazuca.com , combina fotomontajes con entintados realizados manualmente (y no por computador). Además contiene extras, bocetos, fotografías y notas de producción y making of. El proyecto, editado por Midia, Creadores de Contenidos, ganó el concurso del Fondo del Libro en su versión 2008. Anoche, los autores firmaron ejemplares a invitados especiales, familiares y amigos, quienes agotaron el stock de cómics que tenía el local de Providencia de la librería Qué Leo.
“El Modelo de Pickman” es uno de los cuentos más conocidos del maestro del terror psicológico, el escritor estadounidense H.P. Lovecraft (1890-1937). Esta novela gráfica incursiona en el género a través de una versión libre del cuento, que sitúa la acción en Chile, justo antes del cambio de Milenio. El prólogo ha sido escrito por el destacado dibujante y guionista Themo Lobos, quien repasa la relación entre la literatura y los cómics tanto en Chile como en el extranjero y señala que los autores “han logrado la adaptación de uno de los más inquietantes relatos de H.P. Lovecraft. Si usted, al mirar y leer las escenas de esta obra, siente algún escalofrío y alguna emoción…se habrá conseguido el propósito”. Durante la presentación de anoche se proyectaron imágenes del cómic en un datashow y Gilberto Villarroel dio a conocer a los asistentes el saludo cariñoso enviado desde Concón por Themo Lobos, a quien visitó el viernes pasado, antes del lanzamiento, "para obtener su bendición".
Se ha respetado la esencia del cuento, la historia de un pintor, Richard Upton Pickman, que retrata monstruos sospechosamente reales. Se ha agregado un personaje protagónico, el periodista Gabriel Martínez, quien investiga la muerte de su mejor amigo, otro periodista que seguía los pasos de Pickman. La acción empieza en Santiago, en un capítulo dibujado por el diseñador e ilustrador Gabriel Aiquel (con experiencia en cómics como “Protagonistas de la Música”, realizado para Canal 13 por Midia), y culmina en la isla grande de Chiloé, en un capítulo dibujado por el joven realizador Christian Luco. La dirección de arte fue un trabajo compartido entre Gabriel Aiquel y Andrea Arteaga, publicista y directora de arte de Midia.
El guionista Gilberto Villarroel es un conocedor del universo de Lovecraft, pues antes, en el 2000, produjo y escribió una adaptación de este mismo cuento como un mediometraje de 45 minutos, la película de culto “Chilean Gothic”, pionera del cine de género nacional y editada en DVD en Estados Unidos por Lurker Films con el título “Pickman´s Model”. El filme, dirigido por Ricardo Harrington y protagonizado por Rodrigo Iván Sepúlveda y Luis Alarcón, es considerado por Andrew Migliore, director del H.P. Lovecraft Film Festival, como “una de las mejores adaptaciones del canon lovecraftiano”.
“Esta vez –señala Villarroel- quisimos ir más allá de la adaptación cinematográfica, modificando el aspecto físico de algunos personajes y profundizando situaciones y atmósferas que fueron surgiendo a partir del diálogo creativo con los dibujantes, donde partíamos de un texto, ellos hacían los bocetos y luego, al ver los dibujos, éstos me provocaban emociones que llevaban a modificar y mejorar ese texto”.
Edita Midia, la misma casa responsable de títulos como “Los Pinochet Boys”, “Santiago Gráfico”, “Parques de Santiago”, “Cartas de la Memoria”, “Neopop, Tendencias visuales en Iberoamérica” e “Innovación, Made in Chile”.
http://www.midia.cl/
http://elblogdemidia.blogspot.com/
La edición de 60 páginas, en papel couché, que ya se encuentra a la venta en las principales librerías de Chile y a través de Internet en Bazuca.com , combina fotomontajes con entintados realizados manualmente (y no por computador). Además contiene extras, bocetos, fotografías y notas de producción y making of. El proyecto, editado por Midia, Creadores de Contenidos, ganó el concurso del Fondo del Libro en su versión 2008. Anoche, los autores firmaron ejemplares a invitados especiales, familiares y amigos, quienes agotaron el stock de cómics que tenía el local de Providencia de la librería Qué Leo.
“El Modelo de Pickman” es uno de los cuentos más conocidos del maestro del terror psicológico, el escritor estadounidense H.P. Lovecraft (1890-1937). Esta novela gráfica incursiona en el género a través de una versión libre del cuento, que sitúa la acción en Chile, justo antes del cambio de Milenio. El prólogo ha sido escrito por el destacado dibujante y guionista Themo Lobos, quien repasa la relación entre la literatura y los cómics tanto en Chile como en el extranjero y señala que los autores “han logrado la adaptación de uno de los más inquietantes relatos de H.P. Lovecraft. Si usted, al mirar y leer las escenas de esta obra, siente algún escalofrío y alguna emoción…se habrá conseguido el propósito”. Durante la presentación de anoche se proyectaron imágenes del cómic en un datashow y Gilberto Villarroel dio a conocer a los asistentes el saludo cariñoso enviado desde Concón por Themo Lobos, a quien visitó el viernes pasado, antes del lanzamiento, "para obtener su bendición".
Se ha respetado la esencia del cuento, la historia de un pintor, Richard Upton Pickman, que retrata monstruos sospechosamente reales. Se ha agregado un personaje protagónico, el periodista Gabriel Martínez, quien investiga la muerte de su mejor amigo, otro periodista que seguía los pasos de Pickman. La acción empieza en Santiago, en un capítulo dibujado por el diseñador e ilustrador Gabriel Aiquel (con experiencia en cómics como “Protagonistas de la Música”, realizado para Canal 13 por Midia), y culmina en la isla grande de Chiloé, en un capítulo dibujado por el joven realizador Christian Luco. La dirección de arte fue un trabajo compartido entre Gabriel Aiquel y Andrea Arteaga, publicista y directora de arte de Midia.
El guionista Gilberto Villarroel es un conocedor del universo de Lovecraft, pues antes, en el 2000, produjo y escribió una adaptación de este mismo cuento como un mediometraje de 45 minutos, la película de culto “Chilean Gothic”, pionera del cine de género nacional y editada en DVD en Estados Unidos por Lurker Films con el título “Pickman´s Model”. El filme, dirigido por Ricardo Harrington y protagonizado por Rodrigo Iván Sepúlveda y Luis Alarcón, es considerado por Andrew Migliore, director del H.P. Lovecraft Film Festival, como “una de las mejores adaptaciones del canon lovecraftiano”.
“Esta vez –señala Villarroel- quisimos ir más allá de la adaptación cinematográfica, modificando el aspecto físico de algunos personajes y profundizando situaciones y atmósferas que fueron surgiendo a partir del diálogo creativo con los dibujantes, donde partíamos de un texto, ellos hacían los bocetos y luego, al ver los dibujos, éstos me provocaban emociones que llevaban a modificar y mejorar ese texto”.
Edita Midia, la misma casa responsable de títulos como “Los Pinochet Boys”, “Santiago Gráfico”, “Parques de Santiago”, “Cartas de la Memoria”, “Neopop, Tendencias visuales en Iberoamérica” e “Innovación, Made in Chile”.
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FOTOGRAFÍAS
1. Una vista general del lanzamiento,con los autores junto a una presentación flash del cómic.
2. Como llegó tanto público, todos los niveles de la librería fueron ocupados por los asistentes.
3. La entrada de Qué Leo se llenó de fanáticos de los cómics. Nuestras disculpas a quienes llegaron tarde y no alcanzaron a entrar, porque el local ya estaba lleno y las puertas fueron cerradas.
4.Todos escucharon atentamente la presentación que hizo Mauricio García, editor del portal Ergocomics.cl .
5. Hasta en la escalera se acomodó el público que asistió al lanzamiento.
6. Durante la presentación en Qué Leo, de izquierda a derecha, aparecen: Gilberto Villarroel, editor y guionista del cómic, Christian Luco, dibujante, Gabriel Aiquel, dibujante y co-director de arte, y Mauricio García, editor del portal Ergocomics.cl.
7. Pendón con la contraportada del cómic, poco antes del lanzamiento. Este rincón también se llenó de gente.
Créditos de fotos: Paul Walder, Isidora Irarrázaval y Gilberto Villarroel.
martes, 10 de marzo de 2009
Lanzamiento del cómic "El Modelo de Pickman": Hoy, jueves 19, en Qué Leo, a las 19:30 horas.



(SANTIAGO).El próximo jueves 19 de marzo, a las 19:30 horas, se lanzará en librería Qué Leo, en Providencia, una de las novelas gráficas o cómic-books más ambiciosos publicados hasta ahora en Chile: “El Modelo de Pickman”, con guión de Gilberto Villarroel y dibujos y tintas de Gabriel Aiquel y Christian Luco. La obra será presentada por los propios autores y por el editor del portal especializado Ergocomics.cl, Mauricio García.
La edición de 60 páginas, en papel couché, que ya se encuentra a la venta en librerías, combina dibujos realizados mediante distintas técnicas con el uso de fotomontajes y entintados realizados manualmente (y no por computador). Además contiene extras, bocetos, fotografías y notas de producción y making of. El proyecto, editado por Midia, Creadores de Contenidos, ganó el concurso del Fondo del Libro en su versión 2008.
“El Modelo de Pickman” es uno de los cuentos más conocidos del maestro del terror psicológico, el escritor estadounidense H.P. Lovecraft (1890-1937). Esta novela gráfica incursiona en el género a través de una versión libre del cuento, que sitúa la acción en Chile, justo antes del cambio de Milenio. El prólogo ha sido escrito por el destacado dibujante y guionista Themo Lobos, quien repasa la relación entre la literatura y los cómics tanto en Chile como en el extranjero y señala que los autores “han logrado la adaptación de uno de los más inquietantes relatos de H.P. Lovecraft. Si usted, al mirar y leer las escenas de esta obra, siente algún escalofrío y alguna emoción…se habrá conseguido el propósito”.
Se ha respetado la esencia del cuento, la historia de un pintor, Richard Upton Pickman, que retrata monstruos sospechosamente reales. Se ha agregado un personaje protagónico, el periodista Gabriel Martínez, quien investiga la muerte de su mejor amigo, otro periodista que seguía los pasos de Pickman. La acción empieza en Santiago, en un capítulo dibujado por el diseñador e ilustrador Gabriel Aiquel (con experiencia en cómics como “Protagonistas de la Música”, realizado para Canal 13 por Midia), y culmina en la isla grande de Chiloé, en un capítulo dibujado por el joven realizador Christian Luco.
El guionista Gilberto Villarroel es un conocedor del universo de Lovecraft, pues antes, en el 2000, produjo y escribió una adaptación de este mismo cuento como un mediometraje de 45 minutos, la película de culto “Chilean Gothic”, pionera del cine de género nacional y editada en DVD en Estados Unidos por Lurker Films con el título “Pickman´s Model”. El filme, dirigido por Ricardo Harrington y protagonizado por Rodrigo Iván Sepúlveda y Luis Alarcón, es considerado por Andrew Migliore, director del H.P. Lovecraft Film Festival, como “una de las mejores adaptaciones del canon lovecraftiano”.
“Esta vez –señala Villarroel- quisimos ir más allá de la adaptación cinematográfica, modificando el aspecto físico de algunos personajes y profundizando situaciones y atmósferas que fueron surgiendo a partir del diálogo creativo con los dibujantes, donde partíamos de un texto, ellos hacían los bocetos y luego, al ver los dibujos, éstos me provocaban emociones que llevaban a modificar y mejorar ese texto”.
Edita Midia, la misma casa responsable de títulos como “Los Pinochet Boys”, “Santiago Gráfico”, “Parques de Santiago”, “Cartas de la Memoria”, “Neopop, Tendencias visuales en Iberoamérica” e “Innovación, Made in Chile”.
http://www.midia.cl/
http://elblogdemidia.blogspot.com/
Título del libro:
“EL MODELO DE PICKMAN”.
Categoría:
Novela Gráfica ó Cómic-Book.
Autores:
Gilberto Villarroel (Guión)
Gabriel Aiquel (Dibujos y tintas)
Christian Luco (Dibujos y tintas)
Basada libremente en un relato de H.P. Lovecraft.
Páginas:
60 páginas, color, papel couché y tapa barnizada.
Editorial:
Midia.
Distribuye:
Catalonia.
Fecha de lanzamiento:
19 de Marzo de 2009, 19:30 horas, en librería Qué Leo.
Premios:
Fondo del Libro 2008.
La edición de 60 páginas, en papel couché, que ya se encuentra a la venta en librerías, combina dibujos realizados mediante distintas técnicas con el uso de fotomontajes y entintados realizados manualmente (y no por computador). Además contiene extras, bocetos, fotografías y notas de producción y making of. El proyecto, editado por Midia, Creadores de Contenidos, ganó el concurso del Fondo del Libro en su versión 2008.
“El Modelo de Pickman” es uno de los cuentos más conocidos del maestro del terror psicológico, el escritor estadounidense H.P. Lovecraft (1890-1937). Esta novela gráfica incursiona en el género a través de una versión libre del cuento, que sitúa la acción en Chile, justo antes del cambio de Milenio. El prólogo ha sido escrito por el destacado dibujante y guionista Themo Lobos, quien repasa la relación entre la literatura y los cómics tanto en Chile como en el extranjero y señala que los autores “han logrado la adaptación de uno de los más inquietantes relatos de H.P. Lovecraft. Si usted, al mirar y leer las escenas de esta obra, siente algún escalofrío y alguna emoción…se habrá conseguido el propósito”.
Se ha respetado la esencia del cuento, la historia de un pintor, Richard Upton Pickman, que retrata monstruos sospechosamente reales. Se ha agregado un personaje protagónico, el periodista Gabriel Martínez, quien investiga la muerte de su mejor amigo, otro periodista que seguía los pasos de Pickman. La acción empieza en Santiago, en un capítulo dibujado por el diseñador e ilustrador Gabriel Aiquel (con experiencia en cómics como “Protagonistas de la Música”, realizado para Canal 13 por Midia), y culmina en la isla grande de Chiloé, en un capítulo dibujado por el joven realizador Christian Luco.
El guionista Gilberto Villarroel es un conocedor del universo de Lovecraft, pues antes, en el 2000, produjo y escribió una adaptación de este mismo cuento como un mediometraje de 45 minutos, la película de culto “Chilean Gothic”, pionera del cine de género nacional y editada en DVD en Estados Unidos por Lurker Films con el título “Pickman´s Model”. El filme, dirigido por Ricardo Harrington y protagonizado por Rodrigo Iván Sepúlveda y Luis Alarcón, es considerado por Andrew Migliore, director del H.P. Lovecraft Film Festival, como “una de las mejores adaptaciones del canon lovecraftiano”.
“Esta vez –señala Villarroel- quisimos ir más allá de la adaptación cinematográfica, modificando el aspecto físico de algunos personajes y profundizando situaciones y atmósferas que fueron surgiendo a partir del diálogo creativo con los dibujantes, donde partíamos de un texto, ellos hacían los bocetos y luego, al ver los dibujos, éstos me provocaban emociones que llevaban a modificar y mejorar ese texto”.
Edita Midia, la misma casa responsable de títulos como “Los Pinochet Boys”, “Santiago Gráfico”, “Parques de Santiago”, “Cartas de la Memoria”, “Neopop, Tendencias visuales en Iberoamérica” e “Innovación, Made in Chile”.
http://www.midia.cl/
http://elblogdemidia.blogspot.com/
Título del libro:
“EL MODELO DE PICKMAN”.
Categoría:
Novela Gráfica ó Cómic-Book.
Autores:
Gilberto Villarroel (Guión)
Gabriel Aiquel (Dibujos y tintas)
Christian Luco (Dibujos y tintas)
Basada libremente en un relato de H.P. Lovecraft.
Páginas:
60 páginas, color, papel couché y tapa barnizada.
Editorial:
Midia.
Distribuye:
Catalonia.
Fecha de lanzamiento:
19 de Marzo de 2009, 19:30 horas, en librería Qué Leo.
Premios:
Fondo del Libro 2008.
lunes, 9 de marzo de 2009
Tony Bourdain in Chile: With just a little mayonnaise, chef! ( O "¡uno con poca mayo, maestro!).
FOOD: PUNCH, PORK AND PINTS . (Gilberto Villarroel). Images for smelling. Images for tasting. Images for devouring. The graphics associated with food makes us identify these products immediately, which, in spite of having any birth certificate on this planet, are part of our DNA to such a point that we have already appropriated them. In front of them, no rational explanation will do. The images go through directly, without filter, to our primitive brain, where they nest, and from where they govern our habits: we need them. We love them. We can’t live without them.
This is why, when we manage to reach the city centre, coping with the Transantiago, the smog and the waiting room music with which street side loudspeakers punish the pedestrians, we find the signs that guide us towards those indispensable products and we let them drive us. This graphics, now facing extinction, could be considered part of what Oreste Plath baptised one day “El Santiago que fue” (“The Santiago that was”)1.
The graphics reflects our food peculiarities. Here, at the south end of the world, the American hot-dog becomes the tempting “completo”, and the old simple vienesa wears all types of sauces, and an imperial suit over elaborated not only with flavours but also eye-catching colours, something likely to arouse the envy of Liberace or a young Elton John.
What’s in a “completo”? It depends on the chef’s imagination: mustard, “chucrut” (pickled cabbage), mayonnaise, tomato, avocado, ketchup (tomato and sugar, yuck!, but today it is easier to find than “pebre” (traditional tomato and onion based spicy sauce) and has become part of local tastes), green chilli sauce, red chilli paste, “salsa americana” (chopped pickle and mayonnaise sauce); the combination changes from one pub to another. Hand-painted portrait signs, which literally come out onto the street competing against other places, have also been competing for many years with the photographic realism of industrial foods, neatly framed in the backlight type signs of the fast food chains.
Busy office workers, all kind of bureaucrats, lawyers, secretaries and students squeeze into the pubs, in a well choreographed rush hour ballet, where nothing, including words, is wasted. There is no time to repeat the combination, the next ones hardly manage to voice their individual preferences, while the waiter briskly sings, without repeating himself or making any mistakes, the orders towards the kitchen: “Just a little mayonnaise, chef. No green. Two sunny side up eggs”. The hands of the chef are flying. The order is already on the bar. Crunch, crunch. Glug, glug. “The bill, please? Here is the tip. Bye, thanks”.
Globalisation v/s local identity. Local identity – or, using a journalistic expression of which Truman Capote, for a change, took possession in his books, “local colour” – recedes. It becomes a scarcer and scarcer heritage. Sometimes it disappears, sometimes it changes. Sometimes there are short breaks, consensuses that co-govern consumers’ stomachs and give stability to the model. The great planetary franchises end up accommodating themselves to consecrated local ingredients, like avocado, incorporating them to the menu, and rebaptising some of their star products with names that recall those of Chilean sandwiches like the “Barros Luco” (grilled meat and cheese sandwich).
“Barros Luco”, Barros Jarpa” (ham and grilled cheese sandwich). Spanish journalists flip out when they find out that in Chile, there are sandwiches that are called like politicians. They cannot imagine Madrileños trying to digest an Aznar or a González. It might turn out unswallowable. Impossible to speculate further without sinning by interference with other countries’ foreign affairs. In any case, the kneaded, sliced or “frica” (local type of bread) bread, voluptuous and satisfying Chilean sandwich, explains why it has been so difficult for the tapas bars and their seigniorial but skimpy portions to infiltrate the “Nuevo Extremo” (Chile). We are still far way from the balanced Mediterranean diet, and it seems like we like it that way.
The hand-painted letters on the shop windows fulfil several functions. In some bars of the city centre, they confirm to the experts which places serve “cola de mono” (literally “monkey tail”) all year long, interesting information for those who do not want to wait until the end of the year to drink this traditional cocktail of brandy, coffee and milk. The same medium is used to update the menu, in the absence of black board or plastic letters fitted in those surfaces that recall of the signs used for passport photos.
Painted letters, on many occasions, messily and with little care for spelling combined, as if they were artefacts arisen from the genial Nicanor Parra’s mind. The “papas cosidas” written with an “s” (literally “mended potatoes”, instead of a “c”, “boiled potatoes”), make us imagine some kinds of tubers from another planet, mended, with large war scars stitches, which might have survived the “gourmet” poet Pablo de Rokha’s “Epopeya de las comidas y bebidas de Chile” (“Epic of Chilean food and drink”). 2
Barbecued meats prance on these signs, real treasure chests, as if they had been forgotten on the Chilean coasts by Dutch or English pirates. The “macho” food par excellence, their signs indicate the route to follow for as many parties as groups of loafing around office workers, sport clubs, unions, mutual companies and varied associations may invent. Although the cooking temperature is not necessarily the most appropriate one, these meals are rather an exaltation of abundance, in a country where it has not always existed and that has historically been punished by earthquakes, tidal waves or ruling-parents and punishing-authoritarian types of earthquakes. The barbecue culture has its own signage, its own music, its own dance style –not necessarily that “new dance style” (using the words of a funny song of the local underground eighties rock band Emociones Clandestinas) – and its own solemnity, that of the emotional speech for “my dear guests”, “my dear friends”, “my dear companions”, as affection is what appears the most, like in buddy-movies, when the glasses of red wine that followed the pisco sour and the “vainas” (Oporto and Cognac beaten with egg ) of the aperitif start to take effect. We all love each other, we are all friends. There is hope. The world could be better, at least for the night. See you at the next barbecue.
On both sides of the Mapocho (the river that crosses Santiago from east to west), discreetly appealing to the word of mouth, to the good piece of information of a friend or family member, the “picadas”, the name given to places that are not necessarily pretty, but definitely well supplied to serve good and cheap food, survive. Boiled eggs, leg of ham sandwiches, table wines, “chicha” (Chilean cider), all are cheaply sold and successively consumed, as time goes by. There are no gaudy colours or cleaning staff pushing the clients out, as in fast foods. On the contrary, here, everything is slow. It is the countryside, hidden below the cobble-stoned carpet of the city, fighting to recover its rhythm of peaceful ruminants and clear sunsets.
Crossing some of the bridges over the Mapocho, towards the old Chimba area, turns out today to be a less titanic task than in the colonial period, when the swollen stream of the river was literally splitting the city in two. Remembering the first years of independence, Vicente Pérez Rosales wrote that Santiago, “despite its more or less founded aspirations of a great town, still possesses the narrow-mindedness proper to a village”. Some of this is quite obvious when you move away from the eight blocks of the centre. Are we still in Santiago or does this corner look like a street in Talca? What about this street up there, could it just as well be in Parral? Or in a neighbourhood of Concepción?
But as in any great city, interesting fusions appear as well. In the “cocinerías” (market shops that have a small kitchen and serve food) of the “Vega Chica” (central food market), between singers, resellers, and people selling objects obtained who knows how, making business, standing up in corridors or quickly threading their way between the tables, was long ago signed a gastronomic FTA. More extraterritorial than justice, food jumped frontiers, passed over chauvinisms of various types, and left Chilean stews, “ceviches” (Peruvian raw fish dish), clam soups and “secos de gallina” (Peruvian chicken dish), to coexist in perfect harmony on one same menu, even in the same place, now attended by obliging Chileans and Peruvians. “Nos abordaron, muchachos” (literally, “They boarded us, guys” paraphrasing Arturo Pratt’s famous speech to the Chilean navy during the Pacific War: “Al abordaje muchachos”, literally “To the boarding, men”). Congratulations.
If in economic and political matters we are arrogant and feel that we have got the right to lecture our neighbours, a healthy humility, the honest simplicity of those who know, makes cooks much more careful when it comes to showing off, as they do not forget that they are passengers on a journey that others went through before, and that others will keep on going through when they will not be there anymore.
The pasta and sauce with which workers recharge their batteries at the bar of the Vega Chica “cocinerías”, seated on wooden stools, are a bargain that the hand-painted signs bring out in big letters, with the respect that a first rate “manjar” (Chilean milk caramel jam), made accessible to common people at such a low price, deserves: less than a dollar. Pasta has made a long journey in time from China to Italy and from Italy to Chile. In front of this, there is nothing else to do but to marvel. This is what the cabled TV star chef Tony Bourdain would do if he had the chance to visit Chile. Addicted to “picadas” and “cocinerías”, this wasted jeans and “made for walking” boots New Yorker would leave the smell of poultry and beef consommes and stews sticking to The Ramones’ black shirt and, after easily emptying a couple of pints, would probably seal off the day with a politically incorrect cigarette, trying not to look at Don Miguel (the sick man printed on cigarette packs) too closely. Then, he would proclaim himself happy to be alive (4).
These enthusiastic foreigners, such as Liz Caskey, are those who sometimes have to come from far away and stand up in front of our noses to shake us and shout at us that we – seriously – live in a happy copy of Edén (according to the Chilean national anthem, Chile is “la copia feliz del Edén”, literally “the happy copy of Edén”) where, in a nearly lustful way, fruits, vegetables, fish and shellfish abound, and that it would be time for us to start cooking more and complaining less (5).
The crossbreeding of our foods is symbolised by our stews. The anthropologist Sonia Montecino calls it “the paradigm of the Mapuche-Spanish crossbreeding, the hot “hug” of the local and European traditions”(6).
Should this crossbreeding not be the key to understand each other? Should we not all be as Nicanor Parra proposed to be remembered in his “Epitafio” poem?: “Neither very ready nor dead crazy/ I have been the one I have been: a mixture/ Of vinegar and table oil/ An angel and beast sausage!”(7). Let it be.
NOTES
1 Plath, Oreste, El Santiago que se fue, Grijalbo and Biblioteca Nacional of Chile, Santiago, 1997.
2 De Rokha, Pablo, Epopeya de las comidas y bebidas de Chile, Editorial Universitaria, Santiago, 1998.
3 Pérez Rosales, Vicente, Recuerdos del pasado, Editorial Francisco de Aguirre, Santiago, p. 5.
4 Tony Bourdain chef’s No Reservations TV program, transmitted on Wednesday 22:00 pm, on Travel & Living channel.
5 Liz Caskey’s column is published each Sunday in the “Mujer” supplement of La Tercera newspaper.
6 Montecino, Sonia, La olla deleitosa. Cocinas mestizas de Chile, Editorial Catalonia, Santiago, 2005, p. 97.
7 Parra, Nicanor, Anti-Poemas, Seix Barral, Barcelona, 1976, p. 82.
Book: GRAPHIC SANTIAGO
Publication financed in collaboration with
Consejo Nacional del Libro y la Lectura, 2007.
Photographs:
Juan Francisco Somalo
Texts:
Olaya Sanfuentes Echeverría Pedro Álvarez Caselli
Eduardo Castillo Espinoza Gilberto Villarroel Escobar
Third edition, 2008
Design, edition and general production
Midia
www.midia.cl
This is why, when we manage to reach the city centre, coping with the Transantiago, the smog and the waiting room music with which street side loudspeakers punish the pedestrians, we find the signs that guide us towards those indispensable products and we let them drive us. This graphics, now facing extinction, could be considered part of what Oreste Plath baptised one day “El Santiago que fue” (“The Santiago that was”)1.
The graphics reflects our food peculiarities. Here, at the south end of the world, the American hot-dog becomes the tempting “completo”, and the old simple vienesa wears all types of sauces, and an imperial suit over elaborated not only with flavours but also eye-catching colours, something likely to arouse the envy of Liberace or a young Elton John.
What’s in a “completo”? It depends on the chef’s imagination: mustard, “chucrut” (pickled cabbage), mayonnaise, tomato, avocado, ketchup (tomato and sugar, yuck!, but today it is easier to find than “pebre” (traditional tomato and onion based spicy sauce) and has become part of local tastes), green chilli sauce, red chilli paste, “salsa americana” (chopped pickle and mayonnaise sauce); the combination changes from one pub to another. Hand-painted portrait signs, which literally come out onto the street competing against other places, have also been competing for many years with the photographic realism of industrial foods, neatly framed in the backlight type signs of the fast food chains.
Busy office workers, all kind of bureaucrats, lawyers, secretaries and students squeeze into the pubs, in a well choreographed rush hour ballet, where nothing, including words, is wasted. There is no time to repeat the combination, the next ones hardly manage to voice their individual preferences, while the waiter briskly sings, without repeating himself or making any mistakes, the orders towards the kitchen: “Just a little mayonnaise, chef. No green. Two sunny side up eggs”. The hands of the chef are flying. The order is already on the bar. Crunch, crunch. Glug, glug. “The bill, please? Here is the tip. Bye, thanks”.
Globalisation v/s local identity. Local identity – or, using a journalistic expression of which Truman Capote, for a change, took possession in his books, “local colour” – recedes. It becomes a scarcer and scarcer heritage. Sometimes it disappears, sometimes it changes. Sometimes there are short breaks, consensuses that co-govern consumers’ stomachs and give stability to the model. The great planetary franchises end up accommodating themselves to consecrated local ingredients, like avocado, incorporating them to the menu, and rebaptising some of their star products with names that recall those of Chilean sandwiches like the “Barros Luco” (grilled meat and cheese sandwich).
“Barros Luco”, Barros Jarpa” (ham and grilled cheese sandwich). Spanish journalists flip out when they find out that in Chile, there are sandwiches that are called like politicians. They cannot imagine Madrileños trying to digest an Aznar or a González. It might turn out unswallowable. Impossible to speculate further without sinning by interference with other countries’ foreign affairs. In any case, the kneaded, sliced or “frica” (local type of bread) bread, voluptuous and satisfying Chilean sandwich, explains why it has been so difficult for the tapas bars and their seigniorial but skimpy portions to infiltrate the “Nuevo Extremo” (Chile). We are still far way from the balanced Mediterranean diet, and it seems like we like it that way.
The hand-painted letters on the shop windows fulfil several functions. In some bars of the city centre, they confirm to the experts which places serve “cola de mono” (literally “monkey tail”) all year long, interesting information for those who do not want to wait until the end of the year to drink this traditional cocktail of brandy, coffee and milk. The same medium is used to update the menu, in the absence of black board or plastic letters fitted in those surfaces that recall of the signs used for passport photos.
Painted letters, on many occasions, messily and with little care for spelling combined, as if they were artefacts arisen from the genial Nicanor Parra’s mind. The “papas cosidas” written with an “s” (literally “mended potatoes”, instead of a “c”, “boiled potatoes”), make us imagine some kinds of tubers from another planet, mended, with large war scars stitches, which might have survived the “gourmet” poet Pablo de Rokha’s “Epopeya de las comidas y bebidas de Chile” (“Epic of Chilean food and drink”). 2
Barbecued meats prance on these signs, real treasure chests, as if they had been forgotten on the Chilean coasts by Dutch or English pirates. The “macho” food par excellence, their signs indicate the route to follow for as many parties as groups of loafing around office workers, sport clubs, unions, mutual companies and varied associations may invent. Although the cooking temperature is not necessarily the most appropriate one, these meals are rather an exaltation of abundance, in a country where it has not always existed and that has historically been punished by earthquakes, tidal waves or ruling-parents and punishing-authoritarian types of earthquakes. The barbecue culture has its own signage, its own music, its own dance style –not necessarily that “new dance style” (using the words of a funny song of the local underground eighties rock band Emociones Clandestinas) – and its own solemnity, that of the emotional speech for “my dear guests”, “my dear friends”, “my dear companions”, as affection is what appears the most, like in buddy-movies, when the glasses of red wine that followed the pisco sour and the “vainas” (Oporto and Cognac beaten with egg ) of the aperitif start to take effect. We all love each other, we are all friends. There is hope. The world could be better, at least for the night. See you at the next barbecue.
On both sides of the Mapocho (the river that crosses Santiago from east to west), discreetly appealing to the word of mouth, to the good piece of information of a friend or family member, the “picadas”, the name given to places that are not necessarily pretty, but definitely well supplied to serve good and cheap food, survive. Boiled eggs, leg of ham sandwiches, table wines, “chicha” (Chilean cider), all are cheaply sold and successively consumed, as time goes by. There are no gaudy colours or cleaning staff pushing the clients out, as in fast foods. On the contrary, here, everything is slow. It is the countryside, hidden below the cobble-stoned carpet of the city, fighting to recover its rhythm of peaceful ruminants and clear sunsets.
Crossing some of the bridges over the Mapocho, towards the old Chimba area, turns out today to be a less titanic task than in the colonial period, when the swollen stream of the river was literally splitting the city in two. Remembering the first years of independence, Vicente Pérez Rosales wrote that Santiago, “despite its more or less founded aspirations of a great town, still possesses the narrow-mindedness proper to a village”. Some of this is quite obvious when you move away from the eight blocks of the centre. Are we still in Santiago or does this corner look like a street in Talca? What about this street up there, could it just as well be in Parral? Or in a neighbourhood of Concepción?
But as in any great city, interesting fusions appear as well. In the “cocinerías” (market shops that have a small kitchen and serve food) of the “Vega Chica” (central food market), between singers, resellers, and people selling objects obtained who knows how, making business, standing up in corridors or quickly threading their way between the tables, was long ago signed a gastronomic FTA. More extraterritorial than justice, food jumped frontiers, passed over chauvinisms of various types, and left Chilean stews, “ceviches” (Peruvian raw fish dish), clam soups and “secos de gallina” (Peruvian chicken dish), to coexist in perfect harmony on one same menu, even in the same place, now attended by obliging Chileans and Peruvians. “Nos abordaron, muchachos” (literally, “They boarded us, guys” paraphrasing Arturo Pratt’s famous speech to the Chilean navy during the Pacific War: “Al abordaje muchachos”, literally “To the boarding, men”). Congratulations.
If in economic and political matters we are arrogant and feel that we have got the right to lecture our neighbours, a healthy humility, the honest simplicity of those who know, makes cooks much more careful when it comes to showing off, as they do not forget that they are passengers on a journey that others went through before, and that others will keep on going through when they will not be there anymore.
The pasta and sauce with which workers recharge their batteries at the bar of the Vega Chica “cocinerías”, seated on wooden stools, are a bargain that the hand-painted signs bring out in big letters, with the respect that a first rate “manjar” (Chilean milk caramel jam), made accessible to common people at such a low price, deserves: less than a dollar. Pasta has made a long journey in time from China to Italy and from Italy to Chile. In front of this, there is nothing else to do but to marvel. This is what the cabled TV star chef Tony Bourdain would do if he had the chance to visit Chile. Addicted to “picadas” and “cocinerías”, this wasted jeans and “made for walking” boots New Yorker would leave the smell of poultry and beef consommes and stews sticking to The Ramones’ black shirt and, after easily emptying a couple of pints, would probably seal off the day with a politically incorrect cigarette, trying not to look at Don Miguel (the sick man printed on cigarette packs) too closely. Then, he would proclaim himself happy to be alive (4).
These enthusiastic foreigners, such as Liz Caskey, are those who sometimes have to come from far away and stand up in front of our noses to shake us and shout at us that we – seriously – live in a happy copy of Edén (according to the Chilean national anthem, Chile is “la copia feliz del Edén”, literally “the happy copy of Edén”) where, in a nearly lustful way, fruits, vegetables, fish and shellfish abound, and that it would be time for us to start cooking more and complaining less (5).
The crossbreeding of our foods is symbolised by our stews. The anthropologist Sonia Montecino calls it “the paradigm of the Mapuche-Spanish crossbreeding, the hot “hug” of the local and European traditions”(6).
Should this crossbreeding not be the key to understand each other? Should we not all be as Nicanor Parra proposed to be remembered in his “Epitafio” poem?: “Neither very ready nor dead crazy/ I have been the one I have been: a mixture/ Of vinegar and table oil/ An angel and beast sausage!”(7). Let it be.
NOTES
1 Plath, Oreste, El Santiago que se fue, Grijalbo and Biblioteca Nacional of Chile, Santiago, 1997.
2 De Rokha, Pablo, Epopeya de las comidas y bebidas de Chile, Editorial Universitaria, Santiago, 1998.
3 Pérez Rosales, Vicente, Recuerdos del pasado, Editorial Francisco de Aguirre, Santiago, p. 5.
4 Tony Bourdain chef’s No Reservations TV program, transmitted on Wednesday 22:00 pm, on Travel & Living channel.
5 Liz Caskey’s column is published each Sunday in the “Mujer” supplement of La Tercera newspaper.
6 Montecino, Sonia, La olla deleitosa. Cocinas mestizas de Chile, Editorial Catalonia, Santiago, 2005, p. 97.
7 Parra, Nicanor, Anti-Poemas, Seix Barral, Barcelona, 1976, p. 82.
Book: GRAPHIC SANTIAGO
Publication financed in collaboration with
Consejo Nacional del Libro y la Lectura, 2007.
Photographs:
Juan Francisco Somalo
Texts:
Olaya Sanfuentes Echeverría Pedro Álvarez Caselli
Eduardo Castillo Espinoza Gilberto Villarroel Escobar
Third edition, 2008
Design, edition and general production
Midia
www.midia.cl
"¡Uno con poca mayo maestro!"
COMIDAS
Por Gilberto Villarroel
CHICHA, CHANCHO Y SCHOP
Imágenes para oler. Imágenes para degustar. Imágenes para devorar. La gráfica asociada con la comida nos lleva a identificar directamente aquellos productos que, a pesar de no contar con certificado de nacimiento en estas tierras, forman parte de nuestro ADN a tal punto que ya los reconocemos como nuestros. Frente a ellos no hay explicación racional que valga. Las imágenes pasan directamente, sin filtro, a nuestro cerebro primitivo, ahí se anidan y desde ahí gobiernan nuestros hábitos: los necesitamos. Los amamos. No podemos vivir sin ellos.
Por eso, cuando conseguimos llegar al centro soportando el Transantiago, el smog y la música de consultorio con que los parlantes callejeros castigan a los peatones, encontramos las señales que nos guían hacia aquellos indispensables productos y nos dejamos llevar por ellas. A esta gráfica, ahora en vías de extinción, la podríamos considerar parte de lo que Oreste Plath alguna vez bautizó como “el Santiago que se fue”1.
La gráfica refleja las peculiaridades de nuestra comida. El hot-dog gringo se convierte acá, al sur del mundo, en el apetitoso “completo”, y la otrora sencilla vienesa se viste con todo tipo de aderezos, con un imperial traje recargado no sólo de sabores sino también de vistosos colores, algo capaz de despertar la envidia de Liberace o de un joven Elton John.
¿Qué lleva el completo? Depende de la imaginación del maestro: mostaza, chucrut, mayonesa, tomate, palta, ketchup (tomate con azúcar, ¡puaj!, pero hoy es más fácil de encontrar que el pebre, y pasó a ser parte de los gustos locales), salsa verde, ají, salsa americana; la fórmula varía de local en local. Retratados en letreros pintados a mano, que literalmente salen a la calle a disputar clientela entre una y otra fuente de soda, compiten también, desde hace años, con el realismo fotográfico de los alimentos seriados, pulcramente enmarcados en los letreros tipo backlight de las cadenas de comida rápida.
Oficinistas apurados, burócratas varios, tinterillos, secretarias y estudiantes se apretujan en un muy bien coreografiado ballet de hora-punta en locales donde todo, hasta el lenguaje, se economiza. No hay tiempo para repetir la fórmula, los segundos alcanzan apenas para dejar constancia de las preferencias individuales, mientras el garzón canta a viva voz, sin repetir ni equivocarse, los pedidos hacia la cocina: “Uno con poca mayo, maestro. Uno sin verde. Dos al plato”. Las manos del maestro vuelan. El pedido ya está sobre la barra. Crunch, crunch. Glu-glu. “¿Me da el vale? Ahí está la propina. Chao, gracias”.
Globalización v/s identidad local. La identidad local –o el color local, por usar una expresión periodística de la cual Truman Capote se apoderó, para variar, en sus libros– va en retirada. Se convierte en un patrimonio cada vez más escaso. A veces se pierde, a veces se transforma. A veces hay pequeñas treguas, consensos logrados para cogobernar los estómagos de los consumidores y dar estabilidad al modelo. Las grandes franquicias planetarias terminan acomodándose a ingredientes locales consagrados, como la palta, incorporándolos al menú, y rebautizan algunos de sus productos estrellas con nombres que evocan los de sándwiches chilenos como el Barros Luco.
Barros Luco, Barros Jarpa. Los periodistas españoles fllipan cuando descubren que en Chile hay sándwiches que llevan nombres de políticos. No son capaces de imaginar a los madrileños tratando de digerir un Aznar o un González. Tal vez les resultarían intragables. Imposible especular más sin pecar de intromisión en los asuntos internos de otro país. En todo caso, el sándwich chileno, voluptuoso, llenador, en pan amasado, frica o molde, explica por qué a los locales de tapas, con sus señoriales pero magras porciones, les ha costado tanto penetrar en el Nuevo Extremo. Seguimos lejos de los equilibrios de la dieta mediterránea. Y parece que nos gusta.
Las letras pintadas a mano sobre las vitrinas cumplen diversas funciones. En algunos bares del centro, confirman a los conocedores cuáles son los sitios en que se produce cola de mono todo el año. Un dato valiosísimo para quienes no desean esperar hasta las fiestas de fin de año para beber esta tradicional mezcla de aguardiente y café con leche. El mismo recurso se emplea para ir actualizando el menú del día, cuando no hay pizarra ni letras plásticas para clavar sobre esas superficies que recuerdan los letreros de las fotos de carnet o de pasaporte.
Las letras pintadas, en más de una ocasión, se combinan desordenadamente o sin mayores ataduras ortográficas, como si fuesen “artefactos” surgidos de la mente del genial Nicanor Parra. Las “papas cosidas”, escritas así, con “s”, nos hacen imaginar unos tubérculos de otro mundo, remendados, con costuras como grandes cicatrices de guerra, tal vez sobrevivientes de la Epopeya de las comidas y bebidas de Chile, del poeta-sibarita Pablo De Rokha2.
Las parrilladas son los pavos reales de estos letreros, verdaderos cofres del tesoro, como si hubiesen sido olvidados por piratas holandeses o ingleses en las costas chilenas. Comida de machos por excelencia, sus letreros marcan la ruta a seguir para cuanta celebración puedan inventar grupos de oficinistas sacadores de vuelta, clubes deportivos, sindicatos, mutuales y agrupaciones varias. Con grados de cocción que no necesariamente son los mejores, estas comidas son más bien una exaltación de la abundancia, en un país que no siempre la conoció y que históricamente ha sido castigado por terremotos, maremotos o por gobernantes-padres autoritarios-castigadores como terremotos. La cultura de la parrillada tiene su propia señalética, su propia música, su propio estilo de baile –no necesariamente aquel “nuevo estilo de baile”– y su propia solemnidad, la del discurso emocionado para “mis queridos comensales”, “mis queridos amigos”, “mis queridos compañeros”, porque el cariño es lo que más aflora, como en una buddy-movie, cuando las copas de vino tinto que siguieron al pisco sour y a las vainas del aperitivo empiezan a hacer efecto. Todos nos queremos, todos somos amigos. Hay esperanza. El mundo podría ser mejor, al menos por esta noche. Y hasta la próxima parrillada.
A ambos lados del Mapocho, discretamente, apelando al boca a boca, al buen dato del amigo o del compadre, sobreviven las picadas, nombre que designa a sitios no necesariamente bonitos, pero sí apertrechados de comida buena y definitivamente barata. Huevos duros, marraquetas con pernil, vinos bigoteados, chicha, todo se vende a buen precio y se consume rotativamente, dejando que las horas se desgranen. No hay colores chillones ni personal de limpieza empujando a los parroquianos a retirarse, como en los locales de comida rápida. Al revés, acá todo es lento. Es el campo, escondido debajo de la alfombra de adoquines de la ciudad, luchando por recuperar su ritmo de pacíficos rumiantes y de atardeceres diáfanos.
Cruzar alguno de los puentes sobre el Mapocho, hacia la antigua Chimba, se ha vuelto hoy una tarea menos titánica que en épocas coloniales, cuando las crecidas del río literalmente partían la ciudad en dos. Recordando los primeros años de la Independencia, Vicente Pérez Rosales escribió que Santiago, pese “a las pretensiones más o menos fundadas de gran pueblo, reúne aún las pequeñeces propias de la aldea”3. Algo de eso salta a la vista cuando nos alejamos de las ocho manzanas del centro. ¿Estamos todavía en Santiago o aquel rincón se parece a alguna calle de Talca? ¿Y esa calle de allá, no podría estar en Parral? ¿O en un barrio de Concepción?
Pero, como en toda gran urbe, también empiezan a manifestarse fusiones interesantes. Ahí, en las cocinerías de la Vega Chica, entre cantantes, vendedores de matute y de objetos conseguidos quién sabe cómo, que se transan de pie en los pasillos o en incursiones relámpago entre las mesas, se firmó hace rato un TLC gastronómico. Más extraterritorial que la justicia, la comida saltó fronteras, pasó por encima de chauvinismos de diversa índole y dejó que cazuelas, ceviches, sopas de almejas y secos de gallina convivieran en perfecta armonía en un mismo menú, incluso dentro de un mismo local, atendido ahora por solícitos chilenos y peruanos. Nos abordaron, muchachos. Enhorabuena.
Si en materia de economía y política somos agrandados y nos sentimos con el derecho de dictar cátedra a los vecinos, una sana humildad, la honesta sencillez de los que saben, hace que los cocineros sean mucho más prudentes a la hora de pavonearse, porque no olvidan que ellos son pasajeros en un camino que otros recorrieron antes y que otros más seguirán recorriendo cuando ellos ya no estén.
Los tallarines con salsa con que los obreros recargan baterías en la barra de las cocinerías de la Vega Chica, apotingados sobre unos taburetes de madera, son una ganga que los letreros pintados a mano resaltan en letras grandes, con el respeto que merece un manjar de tanta categoría puesto al alcance del pueblo a un precio tan económico: menos de un dólar.
Las pastas han hecho un largo viaje en el tiempo desde China a Italia y desde Italia a Chile, y ante eso no cabe más que maravillarse. Es lo que haría el chef-estrella del cable, Tony Bourdain, si tuviese la oportunidad de visitar Chile. Adicto a picadas y cocinerías, este neoyorquino de jeans gastados y botas “made for walking” dejaría que el olor del consomé y de las cazuelas de ave y vacuno se le pegara a la camiseta negra de The Ramones y, tras bajar sin mayor esfuerzo un par de cervezas, seguramente remataría la jornada con un políticamente incorrecto cigarrillo, tratando de no mirar demasiado a Don Miguel. Luego se proclamaría feliz de estar vivo 4.
Son estos gringos entusiastas, como Liz Caskey, los que a veces tienen que venir desde lejos a pararse delante de nuestras narices para zamarrearnos y gritarnos que vivimos –de verdad– en una copia feliz del Edén, donde abundan de una manera casi lujuriosa las frutas, las verduras, los pescados y mariscos, y que ya estaría bueno que empezáramos a cocinar más y a quejarnos menos 5.
El mestizaje de nuestras comidas está simbolizado en la cazuela. La antropóloga Sonia Montecino la llama “el paradigma del mestizaje mapuche-español, el ‘abrazo’ caliente de las tradiciones locales y las europeas” 6.
¿Y no será ese mestizaje la clave para comprendernos? ¿No seremos todos como Nicanor Parra propuso ser recordado en su anti-poema “Epitafio”?: “Ni muy listo ni tonto de remate/ Fui lo que fui: una mezcla/ De vinagre y aceite de comer/ ¡Un embutido de ángel y bestia!” 7. Que así sea.
1 Plath, Oreste, El Santiago que se fue, Grijalbo y Biblioteca Nacional de Chile, Santiago, 1997.
2 De Rokha, Pablo, Epopeya de las comidas y bebidas de Chile, Editorial Universitaria, Santiago.
3 Pérez Rosales, Vicente, Recuerdos del pasado, Editorial Francisco de Aguirre, Santiago, pág. 5.
4 El programa Sin Reservas, del chef Tony Bourdain, se emite los miércoles, a las 22 horas, en el canal Travel & Living.
5 La columna de Liz Caskey se publica cada domingo en el suplemento “Mujer”, del diario La Tercera.
6 Montecino, Sonia, La olla deleitosa. Cocinas mestizas de Chile, Editorial Catalonia, Santiago, 2005, pág. 97.
7 Parra, Nicanor, Anti-Poemas, Seix Barral, Barcelona, 1976, pág. 82.
COMIDAS
Por Gilberto Villarroel
CHICHA, CHANCHO Y SCHOP
Imágenes para oler. Imágenes para degustar. Imágenes para devorar. La gráfica asociada con la comida nos lleva a identificar directamente aquellos productos que, a pesar de no contar con certificado de nacimiento en estas tierras, forman parte de nuestro ADN a tal punto que ya los reconocemos como nuestros. Frente a ellos no hay explicación racional que valga. Las imágenes pasan directamente, sin filtro, a nuestro cerebro primitivo, ahí se anidan y desde ahí gobiernan nuestros hábitos: los necesitamos. Los amamos. No podemos vivir sin ellos.
Por eso, cuando conseguimos llegar al centro soportando el Transantiago, el smog y la música de consultorio con que los parlantes callejeros castigan a los peatones, encontramos las señales que nos guían hacia aquellos indispensables productos y nos dejamos llevar por ellas. A esta gráfica, ahora en vías de extinción, la podríamos considerar parte de lo que Oreste Plath alguna vez bautizó como “el Santiago que se fue”1.
La gráfica refleja las peculiaridades de nuestra comida. El hot-dog gringo se convierte acá, al sur del mundo, en el apetitoso “completo”, y la otrora sencilla vienesa se viste con todo tipo de aderezos, con un imperial traje recargado no sólo de sabores sino también de vistosos colores, algo capaz de despertar la envidia de Liberace o de un joven Elton John.
¿Qué lleva el completo? Depende de la imaginación del maestro: mostaza, chucrut, mayonesa, tomate, palta, ketchup (tomate con azúcar, ¡puaj!, pero hoy es más fácil de encontrar que el pebre, y pasó a ser parte de los gustos locales), salsa verde, ají, salsa americana; la fórmula varía de local en local. Retratados en letreros pintados a mano, que literalmente salen a la calle a disputar clientela entre una y otra fuente de soda, compiten también, desde hace años, con el realismo fotográfico de los alimentos seriados, pulcramente enmarcados en los letreros tipo backlight de las cadenas de comida rápida.
Oficinistas apurados, burócratas varios, tinterillos, secretarias y estudiantes se apretujan en un muy bien coreografiado ballet de hora-punta en locales donde todo, hasta el lenguaje, se economiza. No hay tiempo para repetir la fórmula, los segundos alcanzan apenas para dejar constancia de las preferencias individuales, mientras el garzón canta a viva voz, sin repetir ni equivocarse, los pedidos hacia la cocina: “Uno con poca mayo, maestro. Uno sin verde. Dos al plato”. Las manos del maestro vuelan. El pedido ya está sobre la barra. Crunch, crunch. Glu-glu. “¿Me da el vale? Ahí está la propina. Chao, gracias”.
Globalización v/s identidad local. La identidad local –o el color local, por usar una expresión periodística de la cual Truman Capote se apoderó, para variar, en sus libros– va en retirada. Se convierte en un patrimonio cada vez más escaso. A veces se pierde, a veces se transforma. A veces hay pequeñas treguas, consensos logrados para cogobernar los estómagos de los consumidores y dar estabilidad al modelo. Las grandes franquicias planetarias terminan acomodándose a ingredientes locales consagrados, como la palta, incorporándolos al menú, y rebautizan algunos de sus productos estrellas con nombres que evocan los de sándwiches chilenos como el Barros Luco.
Barros Luco, Barros Jarpa. Los periodistas españoles fllipan cuando descubren que en Chile hay sándwiches que llevan nombres de políticos. No son capaces de imaginar a los madrileños tratando de digerir un Aznar o un González. Tal vez les resultarían intragables. Imposible especular más sin pecar de intromisión en los asuntos internos de otro país. En todo caso, el sándwich chileno, voluptuoso, llenador, en pan amasado, frica o molde, explica por qué a los locales de tapas, con sus señoriales pero magras porciones, les ha costado tanto penetrar en el Nuevo Extremo. Seguimos lejos de los equilibrios de la dieta mediterránea. Y parece que nos gusta.
Las letras pintadas a mano sobre las vitrinas cumplen diversas funciones. En algunos bares del centro, confirman a los conocedores cuáles son los sitios en que se produce cola de mono todo el año. Un dato valiosísimo para quienes no desean esperar hasta las fiestas de fin de año para beber esta tradicional mezcla de aguardiente y café con leche. El mismo recurso se emplea para ir actualizando el menú del día, cuando no hay pizarra ni letras plásticas para clavar sobre esas superficies que recuerdan los letreros de las fotos de carnet o de pasaporte.
Las letras pintadas, en más de una ocasión, se combinan desordenadamente o sin mayores ataduras ortográficas, como si fuesen “artefactos” surgidos de la mente del genial Nicanor Parra. Las “papas cosidas”, escritas así, con “s”, nos hacen imaginar unos tubérculos de otro mundo, remendados, con costuras como grandes cicatrices de guerra, tal vez sobrevivientes de la Epopeya de las comidas y bebidas de Chile, del poeta-sibarita Pablo De Rokha2.
Las parrilladas son los pavos reales de estos letreros, verdaderos cofres del tesoro, como si hubiesen sido olvidados por piratas holandeses o ingleses en las costas chilenas. Comida de machos por excelencia, sus letreros marcan la ruta a seguir para cuanta celebración puedan inventar grupos de oficinistas sacadores de vuelta, clubes deportivos, sindicatos, mutuales y agrupaciones varias. Con grados de cocción que no necesariamente son los mejores, estas comidas son más bien una exaltación de la abundancia, en un país que no siempre la conoció y que históricamente ha sido castigado por terremotos, maremotos o por gobernantes-padres autoritarios-castigadores como terremotos. La cultura de la parrillada tiene su propia señalética, su propia música, su propio estilo de baile –no necesariamente aquel “nuevo estilo de baile”– y su propia solemnidad, la del discurso emocionado para “mis queridos comensales”, “mis queridos amigos”, “mis queridos compañeros”, porque el cariño es lo que más aflora, como en una buddy-movie, cuando las copas de vino tinto que siguieron al pisco sour y a las vainas del aperitivo empiezan a hacer efecto. Todos nos queremos, todos somos amigos. Hay esperanza. El mundo podría ser mejor, al menos por esta noche. Y hasta la próxima parrillada.
A ambos lados del Mapocho, discretamente, apelando al boca a boca, al buen dato del amigo o del compadre, sobreviven las picadas, nombre que designa a sitios no necesariamente bonitos, pero sí apertrechados de comida buena y definitivamente barata. Huevos duros, marraquetas con pernil, vinos bigoteados, chicha, todo se vende a buen precio y se consume rotativamente, dejando que las horas se desgranen. No hay colores chillones ni personal de limpieza empujando a los parroquianos a retirarse, como en los locales de comida rápida. Al revés, acá todo es lento. Es el campo, escondido debajo de la alfombra de adoquines de la ciudad, luchando por recuperar su ritmo de pacíficos rumiantes y de atardeceres diáfanos.
Cruzar alguno de los puentes sobre el Mapocho, hacia la antigua Chimba, se ha vuelto hoy una tarea menos titánica que en épocas coloniales, cuando las crecidas del río literalmente partían la ciudad en dos. Recordando los primeros años de la Independencia, Vicente Pérez Rosales escribió que Santiago, pese “a las pretensiones más o menos fundadas de gran pueblo, reúne aún las pequeñeces propias de la aldea”3. Algo de eso salta a la vista cuando nos alejamos de las ocho manzanas del centro. ¿Estamos todavía en Santiago o aquel rincón se parece a alguna calle de Talca? ¿Y esa calle de allá, no podría estar en Parral? ¿O en un barrio de Concepción?
Pero, como en toda gran urbe, también empiezan a manifestarse fusiones interesantes. Ahí, en las cocinerías de la Vega Chica, entre cantantes, vendedores de matute y de objetos conseguidos quién sabe cómo, que se transan de pie en los pasillos o en incursiones relámpago entre las mesas, se firmó hace rato un TLC gastronómico. Más extraterritorial que la justicia, la comida saltó fronteras, pasó por encima de chauvinismos de diversa índole y dejó que cazuelas, ceviches, sopas de almejas y secos de gallina convivieran en perfecta armonía en un mismo menú, incluso dentro de un mismo local, atendido ahora por solícitos chilenos y peruanos. Nos abordaron, muchachos. Enhorabuena.
Si en materia de economía y política somos agrandados y nos sentimos con el derecho de dictar cátedra a los vecinos, una sana humildad, la honesta sencillez de los que saben, hace que los cocineros sean mucho más prudentes a la hora de pavonearse, porque no olvidan que ellos son pasajeros en un camino que otros recorrieron antes y que otros más seguirán recorriendo cuando ellos ya no estén.
Los tallarines con salsa con que los obreros recargan baterías en la barra de las cocinerías de la Vega Chica, apotingados sobre unos taburetes de madera, son una ganga que los letreros pintados a mano resaltan en letras grandes, con el respeto que merece un manjar de tanta categoría puesto al alcance del pueblo a un precio tan económico: menos de un dólar.
Las pastas han hecho un largo viaje en el tiempo desde China a Italia y desde Italia a Chile, y ante eso no cabe más que maravillarse. Es lo que haría el chef-estrella del cable, Tony Bourdain, si tuviese la oportunidad de visitar Chile. Adicto a picadas y cocinerías, este neoyorquino de jeans gastados y botas “made for walking” dejaría que el olor del consomé y de las cazuelas de ave y vacuno se le pegara a la camiseta negra de The Ramones y, tras bajar sin mayor esfuerzo un par de cervezas, seguramente remataría la jornada con un políticamente incorrecto cigarrillo, tratando de no mirar demasiado a Don Miguel. Luego se proclamaría feliz de estar vivo 4.
Son estos gringos entusiastas, como Liz Caskey, los que a veces tienen que venir desde lejos a pararse delante de nuestras narices para zamarrearnos y gritarnos que vivimos –de verdad– en una copia feliz del Edén, donde abundan de una manera casi lujuriosa las frutas, las verduras, los pescados y mariscos, y que ya estaría bueno que empezáramos a cocinar más y a quejarnos menos 5.
El mestizaje de nuestras comidas está simbolizado en la cazuela. La antropóloga Sonia Montecino la llama “el paradigma del mestizaje mapuche-español, el ‘abrazo’ caliente de las tradiciones locales y las europeas” 6.
¿Y no será ese mestizaje la clave para comprendernos? ¿No seremos todos como Nicanor Parra propuso ser recordado en su anti-poema “Epitafio”?: “Ni muy listo ni tonto de remate/ Fui lo que fui: una mezcla/ De vinagre y aceite de comer/ ¡Un embutido de ángel y bestia!” 7. Que así sea.
1 Plath, Oreste, El Santiago que se fue, Grijalbo y Biblioteca Nacional de Chile, Santiago, 1997.
2 De Rokha, Pablo, Epopeya de las comidas y bebidas de Chile, Editorial Universitaria, Santiago.
3 Pérez Rosales, Vicente, Recuerdos del pasado, Editorial Francisco de Aguirre, Santiago, pág. 5.
4 El programa Sin Reservas, del chef Tony Bourdain, se emite los miércoles, a las 22 horas, en el canal Travel & Living.
5 La columna de Liz Caskey se publica cada domingo en el suplemento “Mujer”, del diario La Tercera.
6 Montecino, Sonia, La olla deleitosa. Cocinas mestizas de Chile, Editorial Catalonia, Santiago, 2005, pág. 97.
7 Parra, Nicanor, Anti-Poemas, Seix Barral, Barcelona, 1976, pág. 82.
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